La escena parecía sacada de un sketch humorístico, pero fue real. En la jornada del jueves, el presidente Javier Milei participó en la CPAC (Conservative Political Action Conference), una convención ultraconservadora en Estados Unidos que contó con la presencia estelar de Elon Musk.
Lo que sucedió allí dejó una postal inolvidable: el mandatario argentino redujo su papel al de un asistente de lujo, alcanzándole un regalo a Musk con la devoción de quien entrega una ofrenda a su deidad. Y no cualquier regalo: su famosa (o tristemente célebre) motosierra, símbolo de sus drásticos recortes presupuestarios.
REUNIÓN ULTRACONSERVADORA EN ESTADOS UNIDOS
Para ponerlo en contexto, la CPAC es una cumbre que reúne a lo más rancio de la derecha estadounidense, con figuras que oscilan entre el conservadurismo clásico y el trumpismo más desbocado.
Allí, Musk era la estrella absoluta, el elegido, el mesías tecnológico. Milei, en cambio, parecía más un fanático emocionado que un jefe de Estado. Su rol se redujo a acercarle la motosierra como un asistente de utilería en un show de Las Vegas.
Las redes sociales, siempre atentas a los momentos ridículos, no tardaron en hacer lo suyo. La imagen del presidente argentino con cara de niño que entrega un dibujo a su ídolo explotó en Twitter (o X, como insiste Musk en llamarlo). El apodo que se viralizó lo decía todo: “La secretaria de Sofovich“.
UN POCO DE HISTORIA
Para los desprevenidos o los más jóvenes, el término hace referencia a las asistentes del histórico programa “La Noche del Domingo”, conducido por Gerardo Sofovich desde los ’80 hasta los 2000.
Estas mujeres, además de ser presentadas como adorno del show, tenían la misión de alcanzarle elementos al conductor: un cigarro, un papel o cualquier objeto necesario para los juegos del programa.

Y el destino es travieso, porque entre las históricas ‘chicas Sofovich’ estuvo Amalia “Yuyito” González, mencionada (y ahora olvidada) como pareja de Milei. El círculo de la ironía se cerró de manera perfecta.
POCAS RISAS, MUCHO “CRINGE”
Pero más allá del chiste, la imagen refleja algo más profundo. Que un presidente, que debería representar a su país con dignidad, se limite a ser un asistente de un multimillonario extranjero no es solo una anécdota pintoresca. Es un síntoma del posicionamiento internacional bajo la administración libertaria: una subordinación sin disimulo a los grandes magnates y al bloque de derecha más extrema. Relaciones más que carnales.
Si en la campaña Milei gritaba contra la “casta” y contra “los que viven del Estado”, en Washington actuó como un becario de Silicon Valley, fascinado por la posibilidad de una foto con Musk.
El episodio dejó memes para la posteridad, pero también preguntas. ¿Hasta dónde llegará este alineamiento incondicional con el poder económico global? ¿Cómo se posiciona Argentina en este nuevo orden en el que su presidente no es más que un asistente o parte de la servidumbre VIP?
Mientras las redes estallan de risas, la política internacional se reconfigura. Y en esa reconfiguración, Milei parece haber elegido su rol: el de la secretaria más entusiasta de la ultraderecha mundial.

