La historia de Emilio Monzó es como la de Frank Underwood, de House of Cards, pero al revés. Mientras en la afamada serie de Netflix, el protagonista va armando alianzas y conspiraciones para ascender en la pirámide del poder, el bonaerense ha tenido una marcha errática que lo ha dejado lejos de la Casa Rosada y del peronismo.
El corolario es un fracaso casi estrepitoso: tras el anuncio anticipado de un supuesto autoexilio, sólo Luis ‘el interventor’ Barrionuevo ha pedido por él.
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Según pudo reconstruir a INFOCIELO, por ahora, ni Sergio Massa, Florencio Randazzo o Gustavo Menéndez tienen en el radio de sus satélites a Monzó. Por ahora, no es prioridad para ningún sector del justicialismo. Tampoco lo descartan de plano.
Por su parte, los monzonistas niegan que haya algún cortocircuito y hablan de una “salida en buenos términos”. No obstante, lo sienten como “un alivio” que “ayuda a descomprimir” su situación con Vidal o con Macri. “Estamos a muerte con Cambiemos”, aseguran.
Lejos han quedo los tiempos donde en la Cuarta Sección no se movía una silla sin la autorización de Monzó. En sus épocas de funcionario o legislador, era común que cualquier designación en organismos nacionales o provinciales tuviese que tener su venia. “Andá a verlo a Monzó”, era la frase con la que se encontraban aquellos que quería desembarcar en Carlos Tejedor y alrededores.
Monzó fue licuando su ascendida a partir de sus saltos políticos. Si bien en cada curva del camino, es verdad, sumaba aliados, también se ganaba enemigos, aquellos que se sentían traicionados. Así fue que de Ministro de Asuntos Agrarios de Daniel Scioli, en 2008, pasó a ser diputado denarvaísta para luego convertirse en armador y hombre fuerte del PRO.
Paradójicamente, los problemas de Monzó comenzaron cuando, por fin, el espacio que había ayudado a crear alcanzó la Presidencia de la República. Quizá malacostumbrado a no tener jefe y a moverse como un librepensador, nunca pudo disciplinarse bajo Mauricio Macri y, especialmente, Marcos Peña, con quien mantiene un enfrentamiento acérrimo.
Desde un principio, se mostró crítico con la forma de gobierno del macrismo, cuestionando desde la importancia que le daban a Jaime Durán Barba hasta la práctica de los timbreos. “Un día nos van a sacar a los tiros”, solía repetir a los periodistas del Congreso, con quienes además mantenía un off semanal.
Sobre su salida hay muchas especulaciones. “Se hinchó las pelotas, le pedían cosas casi imposibles”, considera alguien que conoce el edificio de Calle Entre Ríos. “Está presionando para conseguir algo”, dice otro dirigente. También cuentan que no quería aplicar a rajatabla las recetas que le bajaban: “Le pidieron mil despidos y buscó la manera de zafar”. O, por ejemplo, se resistía al control biométrico de los empleados.
Fue el propio Monzó además quien en su momento se cerró la puerta para un regreso triunfal a su terruño. Fue cuando dio por válida la estrategia de que Cambiemos ‘importara’ figuras porteñas para ganar la Provincia. Esa desmesura hasta lo hizo negar la existencia de medios de comunicación bonaerenses.
Por ahora, transcendió que se iría como embajador a España, aunque pocos creen que Monzó tenga pensando ser prescindente en las próximas elecciones. Hasta el momento, si su objetivo era aparecer como ‘suelto’ para recibir ofertas, esa subasta está desierta.
E.A.
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