En un rincón “caliente” del conurbano sur se produjo, sin querer queriendo, un hecho histórico que podría servir como metáfora de una buscada reconciliación interna del peronismo, no a través de una mesa de diálogo ni de una rosca de café en la Legislatura, sino por vía de un alfajor.
Sí, un alfajor. Y no uno cualquiera, sino el Orense, una delicia nacida en Bernal —tierra de la camporista Mayra Mendoza— que fue consagrado como el mejor del país en el Campeonato Argentino del Alfajor… realizado, casualmente, en Avellaneda, bastión del kicillofista Jorge Ferraresi.
UNA DULCE PARADOJA POLÍTICA
El dato, por supuesto, no tiene ningún tipo de correlato político serio. Pero la coincidencia es tan jugosa que sería un crimen no tentarse con una lectura simbólica. Porque si hay algo que el peronismo del conurbano no viene logrando últimamente es ponerse de acuerdo. Y sin embargo, ahí estaban: los alfajores de Bernal, brillando y triunfando en suelo avellanedense, como si Kicillof y Cristina hubieran zanjado sus diferencias con un mate y una ronda de dulzura.
El campeonato, celebrado en Parque La Estación durante el fin de semana largo del 20 de junio, reunió a 400 marcas de todo el país. Y entre tantas opciones, fue Orense —marca artesanal fundada por Alejandro Estevez en 2013— la que se llevó la gloria con sus variedades de chocolate al 70% y 100%, sabores exóticos como gin con limón o manzana con vodka, y la clásica combinación de dulce de leche y baño de chocolate. Un auténtico festín bonaerense con medallas de oro, plata y bronce. Todo esto ganó el quilmeño Orense:
- Medalla de oro: Rey del chocolate oscuro
- Medalla de oro: Alfajor sublime
- Medalla de plata: Empaque de vanguardia
- Medalla de bronce: Éxtasis de dulce de leche
- Medalla de bronce: Rey del chocolate blanco
Ahora bien, ¿qué nos dice este triunfo si nos ponemos en modo analítico por un segundo? Por un lado, que los quilmeños saben hacer alfajores con una elegancia digna de vitrina presidencial. Por otro, que en Avellaneda también saben reconocer el talento, incluso cuando viene del otro lado “de una especie de General Paz simbólica” que hoy divide a los herederos del kirchnerismo.
La paradoja es deliciosa: en tierra de Ferraresi, uno de los más leales exponentes del “axelismo”, se organizó un certamen que terminó premiando al producto estrella de un distrito gobernado por Mendoza, una de las últimas abanderadas de la “orga”. Es como si el alfajor hubiese cerrado la grieta interna del peronismo a fuerza de dulce de leche y cacao puro.
EL SABOR QUE UNIÓ AL SUR DEL CONURBANO
No es política, claro. Es azúcar, manteca y un buen toque de marketing emocional. Pero en una provincia donde todo se lee entre líneas y hasta el sabor puede tener filiación partidaria, no está mal tomarse la licencia de imaginar que, al menos por una vez, la unidad vino envuelta en papel brillante y con forma redonda.
El Orense cuesta $6.800 y no se consigue en kioscos, pero el simbolismo vale mucho más: un producto camporista se consagró en territorio axelista, y nadie salió a reclamar por jurisdicción ni banderas. Tal vez, si los dirigentes del peronismo bonaerense no se ponen de acuerdo en la mesa política, podrían probar con una degustación conjunta.
Y si la unidad del movimiento tiene alguna chance de renacer, quién te dice que no sea con un bocado dulce de Bernal en pleno corazón de Avellaneda.
Ah, y así quedaron las posiciones
Mejor Alfajor Industrial
1)Orense (Quilmes)
2)Chocolezza (Mendoza)
3)Minue (Avellaneda)
Mejor Alfajor Artesanal
1)Mencanto (Temperley)
2)Butterqueen (Caballito)
3)Chemamull (Los Toldos)

