Según el reciente informe “Jóvenes: valores, política y democracia” de Pulsar UBA y la Asociación Conciencia, el 69% de los jóvenes de entre 16 y 19 años manifiesta tener poco o nada de interés en la política.
Para Augusto Reina, politólogo y director del observatorio, este fenómeno no es una simple etapa de rebeldía, sino un síntoma de desconexión profunda que pone en jaque la representatividad del sistema.
“Cuando decimos jóvenes acá en este estudio, es jóvenes de 16, 17 y 18 años”, aclaró, en diálogo con Palabras más, palabras menos, por LA CIELO, para situar el foco en aquellos que están estrenando su derecho al voto. Lo preocupante no es solo la falta de participación electoral, sino el retiro de la conversación cotidiana. “El 65% no habla seguido ni con la familia, y el 80% no habla de política con los amigos”, advirtió el especialista, describiendo un escenario donde el tema se ha vuelto un tabú por falta de relevancia. El informe respalda esta visión: la política “no es central en su vida cotidiana” y su vínculo con ella es de “baja intensidad”.
La trampa de la apatía
Muchos analistas suelen asociar el desencanto juvenil con derivas autoritarias, pero el diagnóstico de Reina es distinto y quizás más inquietante. Para él, el riesgo no es un golpe de Estado, sino el vaciamiento de sentido. “En Argentina la fuga no se da hacia opciones autoritarias sino hacia la indiferencia”, explicó.
El peligro real para el sistema democrático hoy -bajo esta hipótesis- es que para las nuevas generaciones “da igual si es un gobierno autoritario o un gobierno democrático”. Es lo que él define como el “nuevo bichito” que se alimenta de la apatía.
Esta desconexión se manifiesta en una brecha de expectativas. Mientras que los jóvenes valoran vivir en democracia con un 8.5 sobre 10, la calificación para el funcionamiento actual del país cae a 6.8. “Hay como el germen de cierta insatisfacción”, señaló Reina.
De hecho, el informe revela una “brecha entre expectativas individuales y nacionales”: los jóvenes son mucho más optimistas sobre su futuro personal y familiar (73% cree que estará mejor o igual de bien) que sobre el futuro del país. Esta falta de horizonte colectivo empuja a que el 30% ya prefiera irse a vivir a otro país.
Medios y escuelas: canales cortados
El divorcio entre los jóvenes y las instituciones tradicionales es casi total. “El 91% de los jóvenes no se informa de política con la radio”, disparó Reina, dato que el informe complementa señalando que habitan principalmente las redes sociales. Si bien consumen streaming, esos espacios no funcionan como puentes hacia la realidad institucional.
“De esos temas no se hablan en los streaming que son los productos que consumen los pibes”, afirmó, diferenciando el consumo de entretenimiento de la “rosca política” que satura los medios adultos.
Incluso la escuela ha dejado de ser el epicentro de la formación ciudadana. “Hoy no parece que la formación cívica esté sucediendo en las escuelas”, sentencia Reina. Según el estudio, la escuela aparece como uno de los lugares menos elegidos para informarse sobre noticias o temas políticos. El resultado es una ciudadanía en construcción que, aunque no rechaza la democracia, se sostiene en vínculos sociales “impermeables a la disputa política cotidiana”.

