La definición pasó casi desapercibida en el anuncio oficial, pero encendió alarmas en sectores políticos, militares y especialistas en soberanía. El nuevo acuerdo entre la Armada Argentina y la Cuarta Flota de Estados Unidos considera al Mar Argentino como un “bien común global”, una formulación que muchos interpretan como una avanzada geopolítica sobre una de las zonas más estratégicas del país.
Lo mío es mío
El convenio, firmado en el marco del programa estadounidense Protecting Global Commons, habilita durante los próximos cinco años tareas conjuntas de vigilancia, monitoreo y patrullaje marítimo en el Atlántico Sur. Incluye además intercambio de información, entrenamiento militar, asistencia tecnológica y apoyo operativo.
Aunque desde Washington aseguran que el objetivo es combatir la pesca ilegal, el narcotráfico y limitar la influencia china en la región, las críticas apuntan al trasfondo político del acuerdo y a la naturalización de una mirada internacional sobre recursos considerados soberanos.
La polémica no tardó en escalar porque el concepto de “global commons” suele utilizarse para espacios internacionales como la Antártida, el espacio exterior o aguas fuera de jurisdicción nacional. No para una Zona Económica Exclusiva perteneciente a un Estado.
Especialistas en defensa y relaciones internacionales advirtieron que la terminología utilizada por Estados Unidos no es inocente y abre interrogantes sobre el alcance real de la cooperación militar en una región atravesada por disputas estratégicas históricas.
Y lo tuyo también
La discusión se vuelve todavía más sensible por la ubicación estratégica del Mar Argentino. Allí confluyen intereses vinculados a Malvinas, la proyección antártica, las rutas bioceánicas, la pesca, el petróleo offshore y futuros recursos minerales submarinos.
En ese contexto, distintos especialistas advirtieron que el acuerdo podría ampliar la capacidad tecnológica y operativa de Estados Unidos sobre información sensible del Atlántico Sur. La presencia de drones, sensores y sistemas de vigilancia aportados por Washington alimentó sospechas sobre una creciente dependencia militar y logística.
El Gobierno nacional evitó hacer anuncios públicos sobre el convenio y la novedad terminó trascendiendo a través de la Embajada estadounidense y medios internacionales. Ese bajo perfil también despertó cuestionamientos opositores y reclamos de mayores precisiones sobre el contenido del acuerdo.
Desde la Casa Rosada sostienen que la cooperación resulta necesaria ante las limitaciones materiales de la Armada Argentina para controlar el enorme territorio marítimo nacional.
Sin embargo el problema excede la asistencia técnica: el verdadero debate pasa por quién define qué es soberanía y quién administra los recursos estratégicos del Atlántico Sur.
Porque detrás de la idea de “bien común global”, dicen, aparece una vieja lógica geopolítica resumida en una frase incómoda, aquella de la canción de Moris llamada “Pato trabaja en una carnicería”: “lo tuyo es mío y lo mío es mío”.

