La polémica por el viaje de la esposa del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en la comitiva presidencial a Estados Unidos sumó un nuevo capítulo. Mientras continúan las críticas por la presencia de Bettina Angeletti en actividades de la agenda oficial durante la gira encabezada por Javier Milei, el Gobierno respondió con clamor, una defensa cerrada y coordinada en redes sociales, sin señales de autocrítica y con un discurso común: denunciar supuestas “operaciones” políticas y mediáticas contra el funcionario.
El propio Milei fue uno de los primeros en salir públicamente a respaldar a su jefe de Gabinete. En un mensaje publicado en su cuenta de X, el Presidente intentó desacreditar las críticas apelando a un argumento técnico-económica: “Si supieran el concepto de costo marginal tendrían claro que muchas cosas que se dicen no tienen ni el más mínimo sentido. Pero como pocos economistas lo entienden de verdad y a otro rubotro no les importa (ni lo captan) entonces ensucian… NIMO @madorni …!!! LLA! VLLC!”. El mensaje, lejos de aclarar la situación, reforzó la postura oficial de relativizar la polémica sin entrar en el fondo de los cuestionamientos.
En la misma línea se pronunció la secretario general de la Presidencia, Karina Milei, una de las figuras más influyentes del Gobierno. “Mi apoyo total e incondicional a @madorni frente a tanta basura mediática. Conozco tu integridad. Eso me alcanza. Siempre con vos”, escribió. El mensaje volvió a colocar el eje de la discusión en el rol de los medios y no en las explicaciones sobre la presencia de Angeletti en una delegación oficial.
El respaldo también llegó desde el gabinete. El ministro del interior, Diego Santilli, habló directamente de una maniobra política contra la administración libertaria: “No vamos a permitir ningún tipo de operación política para que el kirchnerismo, una vez más, intente desestabilizar al gobierno. A fondo con @madorni”. De esta manera, el episodio fue rápidamente encuadrado por el oficialismo como parte de una disputa política antes que como un debate sobre el uso de recursos o los límites de la función pública.
Otra de las voces que se sumó a la defensa fue la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, quien publicó una foto junto a Adorni acompañada por el mensaje “Siempre juntos”. La publicación fue reforzada por el ministro de Economía, Luis Caputo, que respondió con un breve “Pero claro!”, consolidando la imagen de respaldo interno dentro del gabinete.
A partir de allí, las manifestaciones de apoyo se multiplicaron entre dirigentes y funcionarios del oficialismo. El diputado nacional Luis Petri escribió “Te banco fuerte @madorni!! Espalda con espalda!”, mientras que el senador bonaerense Diego Valenzuela denunció una supuesta “maquinaria de difamación” y sostuvo que “cuando se hacen cambios profundos empiezan las operaciones”. El gesto de alineamiento resulta llamativo: el dirigente venía de sufrir un revés interno dentro del oficialismo luego de que se frustrara su desembarco al frente de la Agencia Nacional de Migraciones, lo que lo obligó a regresar a su banca en la Legislatura bonaerense.
También replicaron el mensaje presidencial la senadora Patricia Bullrich, el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, sumándose a la defensa pública del jefe de Gabinete.
Mención aparte merece el respaldo del asesor presidencial Santiago Caputo, una de las figuras más influyentes en la estrategia política y comunicacional del Gobierno. En medio de rumores sobre tensiones internas dentro del oficialismo, Caputo publicó un mensaje en defensa de Adorni que buscó encuadrar la polémica en un enfrentamiento estructural con el sistema político y mediático: “No es gratis ser el gobierno que efectivamente está terminando con cien años de un modelo empobrecedor que destruyó nuestro país para beneficio de los políticos, los empresaurios y sus amigos de los medios. Todo mi apoyo para @madorni”.
Así, mientras persisten las críticas por la presencia de la esposa del jefe de Gabinete en la comitiva presidencial y se multiplican los pedidos de explicaciones, la respuesta oficial se mantuvo en un tono unificado: cerrar filas, desestimar los cuestionamientos y atribuir la polémica a una ofensiva política. Una reacción que, lejos de aportar claridad sobre lo ocurrido, volvió a poner en el centro del debate la ausencia de autocrítica dentro del propio Gobierno.

