Una semana después del estudio que hizo una división de la Policía Federal, un tercer peritaje detectó irregularidades en los cuadernos atribuidos a Oscar Centeno, el exchofer del viceministro de Planificación Roberto Baratta. En 3 de los 8 escritos que dieron origen a la Causa Cuadernos hubo ediciones posteriores.
“Se observan procesos de edición, de distinto orden y peso para el desarrollo del texto: agregados, supresiones, tachaduras y sobrescrituras”, se lee en el análisis firmado por un equipo de especialistas de la UBA y del CONICET.
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Según este peritaje, dos de los cuadernos parecen escritos en una sola secuencia temporal ya que la escritura es “uniforme y prolija, con escasas variaciones en el trazo de la letra y cambios en la tinta”. “Esta regularidad hace suponer un proceso de escritura continuo, realizado en pocas etapas”, sostiene.
Sin embargo, también hay revisiones “posteriores a la escritura original” en forma de tachaduras, correcciones, sobreescrituras, supresiones e inserciones.
“Estas revisiones, en algunos casos, están previstas en el mismo proceso de escritura original y, por eso, se registran espacios en blanco -a veces completados con otra tinta, a veces incompletos-, comillas escritas antes de su contenido o cláusulas insertas sobre el texto ya escrito en espacios muy limitados”, precisa el reporte.
Finalmente, en el documento se desliza “la eventual participación de terceros en la edición final de los textos”, algo que también habían sugerido los expertos de la Policía Federal.
El juez federal Marcelo Martínez de Giorgi ordenó el peritaje a principios de año para “determinar el perfil lingüístico de su autor, de acuerdo con un análisis morfosintáctico, las diferencias que se observen”. El trabajo es parte del expediente en el que el empresario Armando Loson denunció que los cuadernos, en cuanto lo mencionan a él como parte de los imputados, fueron adulterados.
El juez constató que los cuadernos, en lo que se refiere a Loson, fueron efectivamente adulterados y otro peritaje señaló a un amigo del chofer Centeno, el policía Roberto Bacigalupo, como el autor de esas tachaduras y sobreescrituras.
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