En un hallazgo que seguramente dejaría sin palabras a los premios Nobel de Economía dd la historia, el programa de Antonio Laje en A24 logró identificar finalmente al responsable del descalabro financiero de las familias argentinas en este 2026.
No es la desocupación, ni el aumento sideral del transporte, ni los combustibles por las nubes, ni la corrupción instalada por el gobierno libertario. El villano, con aroma a tostado y espuma de leche, es “el cafecito”.
Cuentas que no cierran
Bajo la lupa del oficialismo de buenos modales que te milita el ajuste con los ojos cerrados, en ese programa de TV, se nos explica que un café puede costar hoy entre 3.000 y 8.000 pesos, especialmente si se pide por delivery.
Con la seriedad de quien analiza el presupuesto nacional, advierten que darnos ese “gustito” tres veces por semana suma 15.000 pesos, alcanzando los 60.000 mensuales.
Es fascinante observar cómo intentan convencernos de que esos 60 mil pesos (que apenas equivalen hoy al abono de internet y cable en Buenos Aires) son el agujero negro de nuestra economía personal. Según esta lógica, si dejás de tomar café, mágicamente podrías compensar el colapso de tu poder adquisitivo.
Contorsionismo mediático
La puesta en escena del comunicador oficialista alcanza su clímax cuando su “especialista en economía” sugiere que este “consumo emocional” nace de la “impaciencia” o la “ansiedad” por no organizarse y llevar un vasito térmico desde casa para ahorrar.
Es un ejercicio de cinismo puro porque mientras la realidad económica se vuelve asfixiante, la culpa se traslada al ciudadano que, en su supuesta “ignorancia”, gasta en “tonterías” en lugar de lo importante.
Según los “analistas” de A24, el café diario ocasiona un gasto de 140 mil pesos al mes, y eso es realmente lo que “mina tu capacidad de ahorro” y te impide llegar a fin de mes, por tratarse de un gasto “prohibitivo” más alto que el de las expensas de un departamento.
La culpa es tuya
Lo que ellos llaman “costo oculto” es, en realidad, el velo con el que pretenden tapar una crisis que no saben (o no quieren) explicar desde la política económica.
El verdadero costo oculto es la gimnasia mental que realizan para presentar la miseria como algo “natural” derivado de las malas decisiones individuales.
No es el sistema el que falla, sos vos, que no sabés consumir. Así, con una pizca de gastos hormiga y mucha condescendencia, el programa de Laje transforma un derecho al esparcimiento mínimo en un pecado financiero, logrando la proeza de culpar al cliente de una cafetería por una crisis que se gesta mucho más arriba de la espuma de un capuchino.

