En las calles de La Plata, su figura no pasa desapercibida. Con la “casaca del Lobo” y una honestidad que incomoda, Federico, mundialmente conocido como Frico Censurado, se ha convertido en un imán de visualizaciones y polémicas.
A sus 23 años, este joven que patea la calle sin filtros ha logrado lo que muchos buscan y pocos resisten: una fama cimentada en la crudeza de lo real. Sin embargo, su definición propia dista mucho del glamour digital: “Yo no me considero influencer. Hago video y vivo de eso, pero no fomento a que la gente quiera ser como yo ni me interesa que sean así”.
De la soledad en Villa Tranquila al abismo de los excesos
La historia de Frico no es la de un joven buscando fama, sino la de uno intentando sobrevivir a su propia biografía. Criado en Villa Tranquila (Ensenada) hasta los 14 años, su vida dio un vuelco drástico a los 17 cuando su madre se fue del país y él quedó solo en La Plata. Fue en ese vacío donde aparecieron las adicciones. “Siempre fui medio un desastre para manejarme y eso lo fui plasmando en las redes, fui mostrándome cómo soy tal cual, sin caretas”, confiesa sobre el origen de su contenido.
Su primer contacto con la viralidad fue accidentado. Comenzó en pandemia haciendo streaming en plataformas como Omegle, pero la censura fue su sombra constante. “Me banearon, me cerraron la cuenta y dejé ahí. Me hice militar después de eso”, relata sobre un breve intervalo en su vida antes de volver al ruedo digital.
Finalmente, encontró su “nicho” documentando la realidad de la prostitución trans en Latinoamérica y la zona roja platense, un contenido que él mismo describe como “bardero” y que lo llevó a ser comparado con figuras como Gabino Silva.
La trampa del algoritmo: “A veces uno se deja llevar por los números”
Vivir de las redes sociales para Frico es una montaña rusa de ingresos y bloqueos. A pesar de haber perdido cuentas con más de 265,000 seguidores, hoy sigue monetizando a través de Facebook y publicidades. No obstante, admite que la presión de la audiencia por contenido cada vez más fuerte es una trampa difícil de evitar: “A veces uno se deja llevar medio por los números y por lo que la gente quiere… la gente te exige que seas de alguna manera y hacés caso porque sabés que vivís de eso”.
Esa búsqueda de repercusión lo llevó a protagonizar peleas callejeras que inundaron los chats platenses. Sobre estos episodios violentos, Frico es ambivalente: “Orgullo no me da. Pero sí, uno sabe cuándo un video le va a ir bien y sabe que vas a generar repercusión y mucho comentario de todo tipo”.
Incluso en sus momentos más erráticos, como su reciente cruce con el gobernador Axel Kicillof —a quien abordó en la calle para contarle sus peleas—, mantiene una postura de desinterés político: “No soy peronista ni voto a Milei… me dan totalmente lo mismo los políticos y los ladrones”.
El incidente del kiosco: Un arrepentimiento entre “bolsas y birras”
Recientemente, Frico fue noticia por romper el vidrio de un kiosco en Plaza San Martín tras una discusión. Las versiones periodísticas hablaban de un ataque de ego, pero él ofrece una explicación más terrenal y cruda: “Me quiso cobrar un Malboro Crafted a 6,300 pesos. Una tomada de pelo. Yo estaba reloco, no lo justifico, pero no me puede poner ese precio”.
A diferencia de otras “cagadas”, como él las llama, de esta sí se muestra arrepentido e intentó reparar el daño: “Le pedí disculpas al dueño y le dije que me pase el presupuesto del vidrio para pagarlo”.
Ese estado de “estar loco” es parte de una lucha diaria contra el consumo problemático que no oculta. “Tuve un intento de suicidio, la pasé mal… me deprimo. Capaz que hoy me tomo una bolsa después mañana estoy retriste”, revela con una brutalidad que desarma cualquier intento de crítica moralista. Su adicción es un ciclo que le impide proyectar: “Me levanto, capaz que cobro por una historia 200 luquitas, pago mi alquiler… y ya me levanto y quiero tomar una birra”.
MMA: ¿La última salida?
A pesar de recibir más de 100 amenazas de muerte diarias y vivir en un estado de alerta constante, Frico busca un norte. Su nueva apuesta es el deporte de contacto. “Tengo ganas de recuperarme pero se me hace difícil… ahora tengo que ponerme a entrenar a liberar mi energía por otro lado”, dice refiriéndose a las Artes Marciales Mixtas (MMA).
Hoy, Frico Censurado es un espejo de las grietas de la sociedad actual: un joven que monetiza su caos mientras pelea contra sus propios demonios en las diagonales de la ciudad. No busca ser un ejemplo, solo busca que la cámara —y su vida— no se apaguen antes de tiempo. Como él mismo sentencia: “Lo ideal sería que no pase (la violencia), pero la calle está descontrolada”.


