Por Javier Biasotti
Ecléctica e inclasificable. Tanto puede transitar por ritmos percusivos con reminiscencias afroamericanas, dejarse llevar por el rock, los variados géneros folklóricos de la Argentina o sumergirse en el punk con gritos casi tribales. Así es la propuesta musical de Felicitas “Feli” Colina, la artista salteña que un día se animó a saltar de la comodidad de su provincia para intentar suerte tocando y cantando en los subtes porteños, para más adelante subir al escenario del Lollapalooza o grabar en Inglaterra.

Con ese bagaje llegará nuevamente a La Plata este viernes 23 para presentar en “Ciudad de Gatos” desde las 20, “La otra mejilla”, su nuevo disco registrado de manera independiente, espectáculo en el que la música se entrelaza con una propuesta teatral.
Se trata de su quinto trabajo, luego de que la crítica especializada —por caso la revista Rolling Stone norteamericana—, la elogiara por su disco “El valle encantado”, de 2022, o que registrara en 2019 su primera obra, “Feroza”, en los emblemáticos estudios Abbey Road de Londres, luego de imponerse un año antes en el concurso Camino a Abbey Road.
Días atrás, en visita a nuestra ciudad para participar junto Carmen Sánchez Viamonte de la charla “La música como expresión de soberanía”, organizada por un colectivo estudiantil de la Facultad de Artes en el marco del Congreso “Manifiesto de Arte y Diseño: en defensa del Arte y el Diseño en la Universidad pública”, la artista dialogó con un centenar de estudiantes sobre los primeros pasos de su carrera, sus inspiraciones a la hora de componer y las referencias musicales y vivenciales que empujan su obra, y también acerca del desenfado y ausencia de pudores con que se animó a transitar los espacios en los cuales mostrar su arte. Y como no podía ser de otra manera, terminó cantando junto a los alumnos.
“La primera vez que subí a un escenario para actuar fue a los 11 años y estaba deseando que me baje la presión y desmayarme, sintiendo miedo pero que me cautivó, una adrenalina como supongo sienten los que practican deportes extremos”, describió sobre sus inicios. “Se empieza a expresar algo nuevo y viejo que es pasar vergüenza y perderla”, completó.
Frente a un auditorio colmado por músicos en formación —varios de ellos fans de la salteña, a juzgar por el conocimiento de su trayectoria—, Feli Colina expuso que en la construcción de una carrera profesional lo clave es la honestidad con la que se encara “el camino de ver los desafíos, de decir la verdad, ser lo más transparente posible y pensar con responsabilidad en el próximo show, en el próximo disco, en el próximo trabajo”.
Y siguió con sus sugerencias: “Charlo todo el tiempo de la Feli del subte: estás en la vida y vos decidís si jugás o no. La única forma de hacer algo bien es que sea muy tuyo, porque hacer concesiones para ser de otra forma es perjudicarte”. Su método, explicó, es “escuchar música de otros y soñar despierta. Cómo la bailas, pasándola a lo visual en forma de videoclips imaginarios. Cada vez que veo a alguien en el escenario me transforma, sea La Piba Berreta o Nathy Peluso”, se sinceró.
Al referirse al lema de la charla, enfatizó que “soberanía son los símbolos patrios, la formación de las sociedades, de las generaciones, que están plasmadas y estimuladas por sus producciones de todo tipo, pero por sobre todo las culturales”, para enseguida añadir que “la percusionista de mi banda es brasileña, y ella dice lo bien que le hace a la salud del pueblo salir a festejar por ejemplo durante el Mundial, donde todo se desmadra porque es uno de los pocos momentos en que salimos a las calles a festejar lo mismo. Ella decía que ‘en Brasil la gente no es más feliz pero está más saludable emocionalmente porque tienen música en la calle todos los fines de semana. Siempre hay una razón para salir con tus vecinos a bailar, a cantar, y entonces la cultura es salud pública’. Y eso me encantó”.
Acerca de los métodos compositivos, compartió que su “dinámica es que primero me atraen cosas y las atrapo. Estar abierta a lo que te guste o no te guste. Presto atención a mi vida interior a través de estímulos externos hasta que un día me cae una canción. Pero esos son pocos días en mi vida”, dijo entre risas.
Con referentas de la vida y el arte como su abuela, “las mamás de amigas de cuando era chiquita, la coreógrafa Pina Bausch, María Elena Walsh, Chavela Vargas, Mercedes Sosa o Bjork”, se quejó de que “a los artistas nos persigue el fantasma de que somos vagos, y hay que concientizar sobre el valor de la música, que como cualquier otro emprendimiento, es un trabajo, como hacer empanadas, que primero las regalás y después las vendés”.
“La música me llevó a ganar soberanía sobre mi cuerpo”
Tras intercambiar largo rato en forma personalizada con chicas y chicos que le acercaban partituras, regalitos, papeles para firmar o simplemente tomarse una foto, Feli Colina accedió a conversar con este medio.

— Qué cosa pasó por el cuerpo de aquella pibita de 19 años que quería estudiar Derecho y esta otra que ya tiene 5 discos grabados y una promisoria carrera por delante? ¿Qué transformación hubo en lo personal?
— Bien decís lo del cuerpo, porque creo que me adueñé de él. Porque a mí me gusta mucho habitar la cabeza, la mente, pero no tenía tanto contacto con mi cuerpo. Y creo que toda la música me llevó a ganar soberanía sobre mi cuerpo.
— Pero hay que hacer un click muy fuerte para decir “dejo el estudio y me voy a cantar a un subte”
— Mirá, yo pensaba que era una irresponsabilidad de mi parte, que era una aventura, un acto errático. Con el diario del lunes fue mi mejor decisión. Pero en ese momento fue de vaga, por no querer rendir los finales. De no tomar responsabilidades. Bueno, de tomar la responsabilidad de pagar el mes siguiente de alquiler. De alguna manera hay que hacerlo. Pero una cosa tejió a la otra. Hay que salir a abrirse camino y a ganarse un público, y encontré esa forma.
— Venís de una provincia donde quien no es poeta es cantor ¿Cómo viviste eso? ¿El terruño te influenció?
— Creo que sí, seguramente. Pero es algo que descubrí yéndome. Porque me era tan natural, tan propio de la vida que entendí su valor a la distancia. Como las cosas de la infancia de uno, que son lo natural. Pero te vas un rato a otro país o a otra provincia, lo que sea, y decís ¡ah, esto es una particularidad del lugar!
— Y en este cruce que hacés de retomar ritmos folklóricos y mezclarlos con el rock o con cualquier otro género, eso tampoco es muy común allá
— Bueno, más o menos: el Cuchi Leguizamón para mí sí que mezcló. Hizo un impresionismo folclórico, jazz folklórico Así que por ahí es más común de lo que pensamos.
— Hablando de fusión, se ha dado el encuentro entre Cuti Carabajal y Milo J ¿Cómo vivís eso?
— Me parece bello y que tiene futuro e importancia, como todo lo que valorice lo propio, sobre todo entre las nuevas generaciones, que pareciera que están más distantes de la raíz cultural del país. Lo veo re bien.
— ¿Y cómo vive un artista en esta Argentina donde desde el Gobierno hay una persecución sobre cualquier expresión artística de raíz popular?
— Me da mucha tristeza. Me parece alarmante a nivel salud mental que suceda desde nuestras representaciones, sea el Presidente, el músico más escuchado del momento o cualquier tipo de representación de una sociedad. Porque eso habla del estado de la sociedad. Y que tengamos una persona tan loca de Presidente me parece que habla de la salud mental, de la capacidad del pueblo de discernir a alguien que tiene o no la entereza psicológica para liderar cualquier cosa. La música es un cauce que no solo no hace daño a nadie, sino que potencialmente le puede hacer bien a mucha gente. La música sana.
— ¿Con qué espectáculo venís a La Plata?
— Estoy muy contenta porque es mi primera fecha de esta nueva gira de “La otra mejilla”, que es un disco que saqué hace dos meses y estreno acá, en “Ciudad de Gatos”. Vengo con un show con todas esas canciones, con una propuesta de vestuario y de luces, y una banda conformada por varios multi-instrumentistas y coristas.
— ¿Y alguna zamba salteña?
— Algo va a haber, algo va a haber.


