El espectáculo argentino viste de luto. En las últimas horas de este martes 20 de octubre, a los 82 años y tras permanecer varios días internado, falleció el actor Antonio Grimau. La triste noticia fue dada a conocer por la Asociación Argentina de Actores y Actrices, entidad a la que pertenecía desde 1970 y que lo despidió con un sentido mensaje, “con pesar, despedimos al actor Antonio Grimau. A través de su trabajo en los escenarios y las pantallas, construyó una sólida trayectoria que forma parte de la historia del espectáculo argentino. Abrazamos con afecto a sus familiares, amistades y colegas en este momento de tristeza”.
Con su partida, la cultura nacional pierde a una figura indispensable que transitó durante más de seis décadas por el teatro, la televisión y el cine, pasando de ser el galán infaltable de la pantalla chica a consolidarse como un intérprete maduro, complejo y multifacético.
Un aviso clasificado que le cambió la vida
Nacido el 10 de marzo de 1944 en la provincia de Buenos Aires, Remedios de Escalada -Lanús- bajo el nombre de Antonio Rebolini, su llegada a la actuación tuvo el tinte de un milagro cotidiano. A los 16 años, mientras leía el diario, un anuncio clasificado llamó su atención, se buscaban actores para una obra de Bertolt Brecht en el teatro Charles Chaplin de Almagro.
Sin haber terminado el secundario, decidió presentarse. Aquella audición no solo le dio su primer papel, sino que lo contactó con el mundo de la literatura, la música clásica y la cultura general. De esa obra tomó también su nombre artístico, adoptó el apellido Grimau en homenaje a Julián Grimau, figura histórica de la Guerra Civil Española.

Más tarde completaría su formación de la mano del maestro Juan Carlos Gené, una influencia decisiva que terminó de forjar su ética y rigor profesional.
Del galán popular a la consacración dramática
La televisión fue el medio que lo volvió un rostro entrañable para millones de hogares. Participó en clásicos inolvidables como Rolando Rivas, taxista, Trampa para un soñador, Más allá del horizonte, Por siempre mujercitas, Ricos y famosos, Soy gitano, Padre Coraje, Herencia de amor y Valientes. Por su trabajo en Herencia de amor y Valientes obtuvo el Premio Martín Fierro como actor de reparto en drama en 2009.
A pesar de su imagen de galán cotizado, Grimau siempre miró ese rótulo con distancia, solía repetir y que prefería definirse simplemente como un actor al que la vida le había dado el privilegio de actuar sobre distintas formas del amor.
La coronación de su madurez interpretativa llegó en 2018 con la miniserie Sandro de América, dirigida por Adrián Caetano. Su magistral encarnación de Roberto Sánchez en su etapa adulta le valió el elogio unánime de la crítica y el Premio Martín Fierro al Mejor Actor Protagonista en Unitario o Serie. En los últimos años, destacó también en ficciones de streaming como Puerta 7.

La pasión por el cine y el refugio del teatro
En la pantalla grande dejó una huella indeleble desde su debut en 1974 con La Mary, el recordado film de Daniel Tinayre. A lo largo de los años integró producciones memorables como El amor infiel, Los orilleros y la aclamada Caballos salvajes (1995) de Marcelo Piñeyro, donde compuso a Enrique García Del Campo. Su cine tardío, visible en películas como Nada x perder o Angélica, reveló a un actor cada vez más áspero, denso y profundo.
Sin embargo, el escenario teatral siempre fue su hogar definitivo. “El teatro me salvó la vida”, solía decir. Su prolífico paso por las tablas abarcó obras fundamentales del repertorio argentino e internacional, Los invertidos (1990), bajo la dirección de Alberto Ure en el Teatro San Martín. Títulos clásicos como El reñidero, El avaro, Hamlet, La gata sobre el tejado de zinc caliente, Yepeto, El precio y Filomena Marturano, el teatro musical en Hello, Dolly!, junto a Lucía Galán y en el 2026, encabezó en el Multiteatro la obra Vamo’ los pibes, junto a Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro.
Su vasta y ejemplar labor fue distinguida en 2005 cuando la Asociación Argentina de Actores y el Senado de la Nación le otorgaron el Premio Podestá a la Trayectoria Honorable.
Dolores de la vida y el calor del público
Detrás de la estampa elegante y la calidez con la que lo recordará el público, Antonio Grimau atravesó pasajes de profundo dolor personal. En su juventud sufrió pérdidas familiares devastadoras en pocos meses. Años más tarde, sufrió el golpe más duro de su vida con la temprana muerte de su hijo Lucas fruto de su relación con la actriz Leonor Manso.
El actor habló con valentía de aquel dolor como un “agujero en el alma para siempre”, encontrando en el afecto de la gente y en el escenario el refugio necesario para ponerse de pie y seguir adelante. Su entereza también quedó demostrada en 2021, cuando superó un cuadro grave de COVID-19 que lo tuvo al borde de la muerte y del que se recuperó para volver a hacer lo que más amaba: actuar.
Padre también de Luciana y Antonia, Antonio Grimau se despide dejando el recuerdo entrañable de un artista generoso, humilde y talentoso, cuya figura ya forma parte indeleble de la memoria cultural de la Argentina.


