Hay coincidencias históricas que parecen haber sido redactadas por el caprichoso guion del destino. Hoy, 22 de octubre de 2026, los titulares nacionales y regionales celebran un hito de la ingeniería y la movilidad sustentable: el viaje inaugural del “China Zorrilla”, el ferry 100% eléctrico más grande del mundo, operado por Buquebus, que comenzará a unir formalmente las orillas de Argentina y Uruguay entre Buenos Aires y Colonia del Sacramento.
Sin embargo, lo que pocos advirtieron en medio del frenesí informativo de esta jornada signada por la presentación de la banda coreana BTS, es que la cuna de esta revolución eléctrica tiene un hilo invisible que se conecta directamente con la ciudad de La Plata.
Exactamente un día como hoy, pero de 1892, la entonces flamante capital de la provincia de Buenos Aires, de apenas 10 años de historia, escribía una de las páginas más gloriosas de la tecnología sudamericana al inaugurar el primer tranvía eléctrico de la República Argentina.
La ciudad luz y la vanguardia de 1892
Para comprender la magnitud de aquel suceso hay que viajar a los primeros años de la capital bonaerense. Fundada por Dardo Rocha el 19 de noviembre de 1882, La Plata no nació simplemente como una respuesta política al trazado federal, sino como una maqueta viva del progreso, el positivismo y la modernidad de finales del siglo XIX.
Con apenas esa década de vida, la urbe planificada sorprendía al continente: ya en 1886 se había convertido en la primera ciudad de América Latina en contar con alumbrado público eléctrico, dejando atrás los faroles de kerosén y gas.
Aquel espíritu de vanguardia tuvo su punto culminante el 22 de octubre de 1892.
Mientras las grandes metrópolis de la región todavía dependían de las chatas tiradas por caballos o los ruidosos tranvías a vapor (sistema donde La Plata también había sido pionera), las calles platenses presenciaron las primeras pruebas del tranvía eléctrico argentino.
A lo largo del eje estratégico de la Avenida 7, entre las calles 45 y 50, los vecinos atónitos vieron desplazarse un coche impulsado por corriente eléctrica que alcanzaba la deslumbrante velocidad de 30 kilómetros por hora.
Aquel “monstruo silencioso”, como lo llamaban los más escépticos de la época, estaba conectado a un tendido de cables aéreos sobre rieles de acero. La Plata abría así el camino de la tracción electromecánica en el país, adelantándose por cinco años a la propia ciudad de Buenos Aires, que recién realizaría sus pruebas eléctricas en abril de 1897.
El sueño postergado del puente a Colonia
Esa vocación platense por la innovación eléctrica y la conectividad regional tuvo siempre una mirada clavada en el Río de la Plata. Durante más de 3 décadas, los habitantes de la Región Capital (La Plata, Ensenada y Berisso) crecieron bajo la promesa de una megaobra que uniría a la Argentina con la República Oriental del Uruguay: el mítico Puente Punta Lara – Colonia.
Desde las visiones decimonónicas de Domingo Faustino Sarmiento hasta los proyectos formales impulsados por las administraciones de Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Luis Alberto Lacalle en los años 90, la geografía marcaba que la distancia más corta entre ambas costas se encontraba justamente allí, frente a las playas de Punta Lara.
El proyecto planeaba un viaducto de 42 kilómetros sobre el estuario que cambiaría para siempre la matriz productiva y turística de la región. De aquellas promesas inconclusas quedan hoy estudios técnicos, maquetas legislativas e incluso un monolito testimonial sobre la costa ensenadense. La conexión física por estructura de hormigón nunca se concretó, pero el anhelo de unión binacional permaneció intacto en el ADN platense.
Un hilo invisible sobre el Río de la Plata
Hoy, 134 años después de aquel hito de 1892, la historia parece cerrar un círculo perfecto. La movilidad eléctrica ya no requiere de vías de acero ni de cables aéreos colgados en la vía pública, ni tampoco dependió de levantar miles de toneladas de concreto sobre el lecho del río para unir a dos pueblos hermanos.
El “China Zorrilla”, impulsado por un gigantesco banco de baterías de litio de 40 MWh y libre de emisiones contaminantes, surca desde hoy las aguas del Río de la Plata. Es un gigante flotante que transportará a más de 2.000 pasajeros y cientos de vehículos por viaje, erigiéndose como el buque eléctrico de mayor escala del planeta.
Puede parecer un dato menor o una mera casualidad del calendario. Sin embargo, en el centro de esta epopeya contemporánea late el orgullo platense: la ciudad que hace más de un siglo encendió la primera chispa del transporte eléctrico nacional fue, quizás, el faro que anticipó este futuro sustentable que hoy cruza el río.


