El universo de las carreras de ultra resistencia sumó un hito histórico en la capital bonaerense. Con una convocatoria récord y una logística sin precedentes, se llevó cabo la primera edición oficial de la Backyard Ultra La Plata. Esta exigente modalidad, donde los competidores deben completar un circuito de 6,7 kilómetros en menos de una hora de manera ininterrumpida hasta que quede solo uno en pie, puso a prueba los límites físicos y mentales de atletas de todo el país.
El evento no solo marcó el debut de la ciudad en el calendario nacional de la especialidad, sino que también consagró al atleta Pablo tras completar 37 vueltas casi sin descanso, superando ampliamente las proyecciones iniciales de la organización. Detrás de esta proeza deportiva hubo un despliegue logístico de más de un día continuo de trabajo para garantizar el flujo constante de los corredores y la seguridad en el denominado “patio seguro”.
Para comprender el impacto deportivo y la complejidad de armar semejante estructura en un terreno llano, Infocielo conversó con Martín Bien, director de Backyard Ultra La Plata, quien analizó los pormenores de una jornada que promete marcar un antes y un después en el running local.

El origen de una propuesta inédita en la ciudad
La llegada de este formato a la capital provincial responde a un fenómeno en constante expansión a nivel global. Tras sus primeras experiencias en el país, la disciplina encontró espacio para consolidarse definitivamente en la región a través de una red de organizadores comprometidos con la alta competencia de montaña y llano.
“En realidad es la primera vez que se hace de manera oficial o dentro del calendario nacional. Backyard es una modalidad relativamente nueva, entre comillas, hace tres años que está empezando a movilizarse en el mundo. En Argentina empezaron a aparecer hace tres años, la primera oficial en Adrogué. A partir de una participación mía hace un año en una oficial del Partido de la Costa, me pareció una buena propuesta para la ciudad, que no tenía esta modalidad de manera oficial y pudimos rápidamente ponerla en el calendario nacional con la ayuda de otros directores de carrera de Backyard”, detalla Martín Bien.

Con más de una veintena de sedes en funcionamiento a lo largo del territorio argentino, La Plata buscaba un lugar de pertenencia propio. La respuesta del público runner fue inmediata, logrando posicionar a la fecha local dentro de las más destacadas del ámbito nacional.
“Hoy por hoy en la Argentina somos ya más de 20 oficiales y se va propagando y bueno, nada, la idea era esa, que la ciudad tenga esa representación y tratar de buscar que sea una Backyard y algo que identifique a la ciudad con una nueva modalidad deportiva en el running”, destaca el director.
Logística contra reloj y la incertidumbre del tiempo
Organizar una competencia sin horario de cierre planteó retos administrativos singulares. A diferencia de las maratones tradicionales con arcos de llegada y horarios prefijados, la naturaleza misma del reglamento exige mantener la infraestructura activa de forma indefinida hasta el retiro del penúltimo participante.
“El tema es, a diferencia de otra carrera, creo que una de las partes más apasionantes que tiene es la incertidumbre de cuándo va a terminar, entonces desde el lado deportivo tiene esa cuestión de llevar a un corredor al máximo o varios corredores a su máximo sin saber cuándo va a estar el fin, porque lo que buscan los corredores es un límite. Hay una incertidumbre desde la parte deportiva y desde la parte de organización es muy difícil inclusive plantearla y organizarla porque, por ejemplo, cuando uno se acerca a hablar con una autoridad para decirle necesito hacer esta actividad deportiva, lo primero que te preguntan es qué tiempo necesitas. Y uno le tiene que decir ‘no sé’, entonces ahí ya empiezan los problemas”, explica Bien.

Pese a los contratiempos inherentes a la falta de un horario de finalización rígido, el nivel de los atletas superó las expectativas del cuerpo técnico. Las estadísticas previas sirvieron de base, pero el rendimiento en pista rebasó el promedio estimado de duración.
“En este caso La Plata, por suerte, nos tocó una gran Backyard con un ritmo de vueltas y con una cantidad de vueltas que está arriba del promedio, tenemos gente con 37 vueltas como es el ganador Pablo. Teníamos una proyección de 30 horas para esta carrera y fueron un poquito más. Sabíamos a priori que teníamos 5 o 6 corredores que ya tenían un historial de 25 vueltas o 30, entonces venían a La Plata a buscar un poco más”, añade.

El protocolo médico en el “patio seguro”
El control de la salud representa el pilar estratégico fundamental en este tipo de pruebas de extrema resistencia. Dado que los competidores buscan intencionalmente sus límites fisiológicos, las pausas entre vuelta y vuelta se convierten en los momentos más críticos para la supervisión y la asistencia técnica.
“Toda actividad deportiva y sobre todo las carreras tienen que tener cobertura médica. Pero lo que sucede particularmente en Backyard es que los corredores tienen que dar esa vuelta antes de la finalización de la hora, de 6 kilómetros 700, y después vuelven a lo que se llama el patio seguro. Y ahí sí ya está todo el equipo médico siempre esperando. A veces estadísticamente las mayores descompensaciones se dan en los momentos de pausa, que es cuando el corredor se relaja y después tiene que volver a salir“, argumenta el organizador.
Para garantizar el bienestar de los deportistas sin interferir de forma desmedida en la dinámica de la prueba, la organización dispuso un triple filtro de contención que abarcó desde veedores experimentados hasta socorristas móviles a lo largo del trayecto.
“Eso depende tanto del director de carrera que tiene que tener la experiencia suficiente para saber cuándo un corredor ya está empezando a transitar una etapa peligrosa. Después tenemos el equipo médico que hace una segunda evaluación y tiene que entender que está corriendo una competencia extrema, porque si no, no dejaría salir a nadie más después de tres vueltas. Y como tercera medida tenemos la gente de cardioasistida, que son corredores o personas en bicicleta que están durante el circuito atentos ante cualquier emergencia”, recalca Bien.
Tensión, alivio y la mirada puesta en 2027
La exigencia acumulada durante casi dos días de competencia dejó anécdotas de alta tensión, donde la pronta intervención de los equipos de salud permitió neutralizar cuadros de agotamiento extremo tras el abandono voluntario de los corredores.
“Tuvimos un sustito ahí, una situación con un corredor que estaba en la vuelta 30. Finaliza su participación porque realmente su tobillo estaba muy inflamado. Cuando se relaja sentado en la zona de masajes, sufre una descompensación, una baja de presión ante el esfuerzo físico. Por suerte ahí estaba todo el equipo médico y lo atendieron. Duró una situación de estrés de dos minutos, pero para nosotros son como seis años hasta que se restablece. Cuando se recuperó nos miró, nos sonrió y me dijo ‘te arruiné un ratito la tarde’ y se rió”, recuerda con alivio el director.

Tras el contundente éxito de esta primera convocatoria, que se consolidó como la más multitudinaria del país en su tipo, el equipo organizador ya trabaja en la planificación de la próxima edición, la cual requerirá una sede de mayor escala para albergar la demanda proyectada.
“Backyard La Plata ya tiene fecha para el 2027, para el 9 de octubre. Esta edición fue la más grande del país en número de participantes y vamos a redoblarlo para el año que viene. La Plata no tiene montañas por ser una ciudad de llano puro, entonces queremos imponer esta modalidad para que sea una sede fuerte. En Espacio Max estuvimos al límite de capacidad con 150 corredores y 150 asistentes. La idea es duplicar la carrera e inevitablemente tenemos que duplicar el espacio, así que ya estamos manejando alternativas mucho más grandes”, concluye Martín Bien.


