El pasado 30 de noviembre el Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (Senasa) declaró el estado de emergencia sanitaria en todo el territorio nacional por un brote de Encefalomielitis Equina. La enfermedad afecta principalmente a caballos, pero rápidamente se puso en marcha la vigilancia epidemiológica en humanos. Se detectó así la enfermedad en diciembre de 2023, en un residente del departamento de General Obligado, en la provincia de Santa Fe, luego de 25 años sin notificaciones.
Los virus de la Encefalomielitis Equina circulan en la naturaleza en ciclos de transmisión entre pájaros, pequeños roedores y mosquitos de un modo difícil de detectar, pero en ocasiones, dadas ciertas circunstancias, afectan a caballos generando brotes de enfermedad en esta especie y, eventualmente, en los seres humanos.
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Según el Dr. Marcelo Pecoraro, decano de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), lo que viene ocurriendo en nuestro país es que “se conjugaron diversas circunstancias a nivel de la ecología viral que han hecho que muchas localidades tengan brotes de Encefalitis”.
Las encefalitis del equino son un grupo de enfermedades virales zoonóticas estacionales, asociadas a la abundancia del mosquito que actúan como vector. Por eso los brotes ocurren en primavera-verano, típicamente en zonas húmedas, templadas y/o subtropicales. Según el SENASA, desde principios del siglo 20 en nuestro país se han reportado hasta la actualidad brotes provocados por los arbovirus de la Encefalitis Equina del Este, del Oeste, de San Luis y del Nilo Occidental, que han afectado el norte y centro del país.
Pero, ¿cuál es el causante?
El causante de los brotes actuales fue identificado por el INTA como virus de la Encefalitis Equina del Oeste, “un virus que tiene una tasa de morbilidad alta y una tasa de mortalidad de entre el 25 y el 40% en los animales”, explica Pecoraro. Los síntomas son de tipo nervioso: los equinos “caminan en círculos, están perdidos, pierden el apetito, tienen fiebre, se pueden caer de manos, se pueden sentar o se pueden directamente acostar y pedalear en el piso. El tratamiento es sintomático, para tratar de reducir la encefalitis.” En los humanos, en cambio, generalmente se puede presentar de manera asintomática y muy ocasionalmente, con síntomas inespecíficos como fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, y complicaciones neurológicas de diverso grado.
Uno de los principales factores que habilita hoy el brote de encefalitis equina tiene que ver con una decisión tomada en 2016 por el SENASA que modificó la estrategia de vacunación obligatoria anual contra la encefalitis equina del este y del Oeste previa a los movimientos de caballos. Si bien los caballos no diseminan la enfermedad si son susceptibles de enfermarse y la falta de protección vacunal los dejo en estado de alta vulnerabilidad.
Establecer que la inmunización sea de carácter voluntario ha generado, según Pecoraro, que “desde entonces hasta el día de la fecha no se ha vacunado o se ha vacunado en nichos muy pequeños. No habiendo una prevención desde el 2016, todos los caballos, sobre todo los rurales, que nacieron a partir de ese año están desprotegidos”.
El otro factor es el climático e involucra al mosquito Aedes albifasciatus, el principal vector. “Estamos en pleno Niño, todas las riberas de los ríos están desbordadas después de años de sequía. El Paraná, por ejemplo, que no tenía casi agua ahora está desbordado y los mosquitos han aumentado en cantidad. Los mosquitos se alimentan de aves silvestres migratorias y roedores, que son los huéspedes intermediarios, pero al picar también al caballo pueden infectarlo y generarle una encefalitis verdaderamente grave.”
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