En medio de la marea albiceleste que inunda los Estados Unidos, surge la figura de Edgardo, un argentino que hace 26 años dejó el país por la crisis del 2001 para radicarse en Chicago, pero que nunca soltó el hilo invisible que lo une a su tierra, la pasión por San Lorenzo —al punto de llamar a su hijo igual que el club— y el ritual del asado. Hoy, su servicio de catering se convirtió en el epicentro gastronómico de los hinchas en el debut de la Selección en Kansas.
En dialogo con “todo no se puede” de LA CIELO FM 103.5 explicó que “cuando se presentó la oportunidad de poder ir a hacer el negocio a Kansas, sabiendo que venía la Selección y que la marea argentina iba a ser tremenda, nos pusimos en contacto con la ciudad para sacar los permisos”, relata Edgardo sobre la odisea que implicó manejar casi 900 kilómetros con la parrilla a cuestas. No fue en el estadio, sino en un parque a 15 minutos, durante el banderazo de los “sin entrada”, donde el humo empezó a convocar multitudes.
Argentinizando el mundial
La logística fue monumental. Con una parrilla con capacidad para “320 o 330 chorizos” al mismo tiempo, el ritmo fue frenético. “No es que estás atendiendo uno por uno, son una banda. Se me habrán caído unos tres o cuatro, pero valió la pena, no dolió tanto”, bromea sobre el caos de servir a una multitud que, según sus palabras, empezó a caer “como hormigas” desde temprano. “Paramos a las 11:30 de la noche de cocinar, loco. Estaba hecho pelota”, confiesa sobre la jornada agotadora.
Sin embargo, el éxito no estuvo exento de debate en las redes sociales debido al precio de 10 dólares por choripán. Ante las críticas, Edgardo es tajante, “si vos te ponés a pensar el viaje, el costo, la gasolina, vivir en Estados Unidos, 10 dólares la verdad que está tremendamente accesible”. Defiende su producto no solo como alimento, sino como un pedazo de cultura, “vos querés comer un taco mexicano y levantás una piedra y tenés 10 restaurantes, pero querés pedir una empanada acá no existe. Para nosotros fue furor, una bendición”.
Un homenaje que cruza fronteras
El viaje de Edgardo no termina en Kansas. Con la camioneta recién salida del taller para cambiarle las ruedas tras el desgaste del primer trayecto, ya planea los 1.500 kilómetros hacia Dallas. “Vamos a llevar un poco más porque va a ser tremenda la cantidad de gente. Lo que sí, tenemos que estar preparados para el calor, va a ser una cosa insoportable e inhumana al lado de la parrilla”, anticipa con la fe puesta en seguir camino hacia Miami.
Para este parrillero, cada choripán entregado es un homenaje que cruza fronteras y generaciones. “Déjame mandarle un saludo a mi viejo, que está allá arriba mirándome, que gracias a él soy”, concluye con la emoción de quien sabe que, aunque esté lejos de casa, el fuego de la identidad argentina sigue más vivo que nunca en suelo norteamericano.

