Un vecino de la ciudad de La Plata decidió manifestar su repudio de una manera completamente fuera de lo común: se vistió de dinosaurio y se apostó frente a la sucursal de Barrio Norte de EDELAP para denunciar las desmedidas subas que sufrieron las boletas en el último período.
En un contexto marcado por la profunda indignación popular frente a las reiteradas fallas operativas y el persistente costo del servicio eléctrico, las oficinas de la empresa distribuidora Edelap se convirtieron en el escenario de una protesta tan insólita como contundente.
La insólita escena atrajo de inmediato la atención de los transeúntes, automovilistas y demás usuarios que se acercaron a realizar trámites en la dependencia ubicada sobre la avenida 32.
Con un cartel de reclamo en mano y una historia de facturación dramática —donde el monto mensual saltó impagablemente de $60.000 a $260.000—, la protesta personificó el agobio financiero que golpea a miles de familias platenses golpeadas por la inflación y los incrementos tarifarios.
Una postal jurásica en el medio del reclamo
La llamativa protesta tuvo lugar este mediodía frente a las oficinas comerciales de la empresa distribuidora de energía Edelap, ubicadas en la avenida 32 entre 12 y 13. En medio del constante murmullo de los grupos electrógenos instalados en distintos barrios tras los recientes apagones, la llegada del manifestante disfrazado de dinosaurio rompió la rutina de la jornada.
Sosteniendo un afiche con consignas directas contra los incrementos tarifarios, el usuario visibilizó la imposibilidad de afrontar los nuevos valores que llegaron a los hogares platenses.
El propio damnificado explicó la crítica situación económica que atraviesa producto del desmedido ajuste en el servicio. Según relató ante las personas que se encontraban en el lugar, su factura mensual pasó de forma intempestiva de los 60 mil pesos a la vertiginosa cifra de 260 mil pesos, lo que implica un desembolso bimestral superior al medio millón de pesos. Ante semejante incremento, el vecino remarcó que se vuelve un costo absolutamente impagable para cualquier economía familiar golpeada por el contexto actual.
La presencia del singular personaje no tardó en volverse viral y generar empatía entre los transeúntes y conductores que circulaban por el lugar. La combinación de creatividad, humor ácido y desesperación económica captó la mirada de todos los clientes que hacían fila en la sucursal de Barrio Norte, transformando un reclamo individual en el reflejo de un malestar social ampliamente extendido en toda la ciudad de La Plata.
Una ola masiva de quejas en toda la región
La manifestación del “dinosaurio” no se trata de un hecho aislado, sino del punto culminante de una catarata de denuncias por parte de usuarios locales. Durante las últimas semanas, numerosos vecinos expresaron su profunda preocupación al recibir liquidaciones que, en el mejor de los casos, triplicaban los importes abonados el mes anterior. Las historias de aumentos desproporcionados se multiplicaron rápidamente en los barrios, afectando por igual a trabajadores, comerciantes y jubilados.
Entre los testimonios recabados, la constante es el salto abrupto en los números finales. Familias que registraban consumos habituales de 75 mil a 100 mil pesos vieron llegar boletas que superan holgadamente los 300 mil pesos sin variaciones significativas en su uso cotidiano. Asimismo, adultos mayores con haberes mínimos manifestaron su impotencia tras haber implementado medidas de ahorro energético en sus hogares sin obtener ningún tipo de alivio en las cifras a pagar.
Esta escalada en los importes responde a la reciente autorización de cuadros tarifarios con fuertes subas en el valor del kilovatio. Sin embargo, el valor final que afronta cada usuario no depende exclusivamente del consumo o del cargo fijo, sino de un complejo entramado donde intervienen variables muy heterogéneas que encarecen el monto definitivo que llega al buzón de cada vivienda.
Composición tarifaria y disparidad entre hogares
La conformación del importe total en la liquidación del servicio eléctrico abarca múltiples componentes que van más allá del consumo de energía medido en el hogar. En el precio final inciden de manera determinante los impuestos nacionales, las tasas municipales aplicadas por cada jurisdicción, el esquema de segmentación energética asignado y las eventuales penalizaciones o cobros por consumos excedentes que establecen las distribuidoras.
Debido a esta estructura de facturación fragmentada, es habitual que dos hogares con hábitos de consumo idénticos terminen recibiendo montos sumamente dispares. Factores como la zona geográfica de residencia, la categoría tarifaria otorgada o los conceptos específicos que incorpora cada empresa prestadora derivan en desproporciones abismales entre vecinos de un mismo distrito, alimentando la incertidumbre de la comunidad.
Frente a este escenario de incertidumbre y costos en alza, los reclamos vecinales continúan multiplicándose en la capital bonaerense. Mientras la tensión por los montos impagables se profundiza, la imagen del dinosaurio protestando en Barrio Norte quedó como un símbolo de la indignación ciudadana ante un servicio que combina tarifas elevadas y severas deficiencias operativas en la región.

