A dos décadas del 18 de septiembre de 2006, la memoria activa en La Plata continúa convocando a la comunidad frente a una herida abierta en plena democracia. Jorge Julio López, el albañil de Los Hornos que con su valiente testimonio desnudó el horror genocida perpetrado por Miguel Etchecolatz, permanece desaparecido por segunda vez sin que la justicia federal logre determinar responsables ni imputados.
Aquella declaración prestada el 28 de junio de 2006 en el Salón Dorado de la Municipalidad de La Plata resultó determinante para la histórica condena a reclusión perpetua del represor Etchecolatz. Sin embargo, al día siguiente de los alegatos finales, López jamás llegó a los tribunales.
En esta efeméride tan sensible, el programa Todo no se puede de LA CIELO 103.5 dialogó a través del móvil de Nicolás Chillón con Rubén López, hijo del testigo clave, desde el Espacio de Memoria ex Comisaría Quinta.
Allí, entre la muestra fotográfica y un emotivo encuentro vecinal, Rubén reflexionó sobre la búsqueda incansable de su padre, la carga emocional del lugar y la necesidad colectiva de sostener su legado.
Un legado colectivo para que no haya una tercera desaparición
En medio de las actividades desarrolladas en el predio de Diagonal 74, Rubén destacó el acompañamiento de las organizaciones de derechos humanos que año a año renuevan el reclamo.
Con profunda emoción, evocó una frase que sintetiza el espíritu de la jornada: “Alguien en algún momento dijo en un documental ‘Todos somos López’, que López no desaparezca por tercera vez”. Y agregó con firmeza sobre el sentido de la fecha: “Lo que estamos haciendo hoy es que ustedes, aunque sea una vez al año, estén siempre ocupados y preocupados, pero una vez al año todos hacemos algo porque López no desaparezca, por ese legado que dejó, por ese testimonio que fue tan importante para las condenas”.
El diálogo visibilizó también el impacto afectivo que implica recorrer un sitio donde su padre sufrió torturas junto a decenas de compañeros.
Rubén confesó lo que experimenta cada vez que ingresa a la ex Comisaría Quinta: “Yo ingreso acá tranquilo, pero nunca pude ingresar a la sala; hay algo emocional que te lo impide”. No obstante, prefirió correrse del centro de la escena para poner el foco en las víctimas directas: “Más allá de mi locura, los que realmente pasaron y sufrieron fueron ellos, no yo”.
“Yo no hago más que tratar de llevar su bandera”
Pese al paso del tiempo y a una causa radicada en el Juzgado Federal N° 1 de La Plata que no registra detenidos, Rubén mantiene una actitud de absoluta humildad frente al cariño popular. Al referirse a las constantes muestras de afecto que recibe en las calles platenses, remarcó: “Mi viejo dejó un legado que la gente lo reconoce y, como siempre digo y no quiero pecar de falta de humildad, yo soy el hijo de, no soy otra persona. El que hizo las cosas acá, el que tuvo el valor de ir a declarar fue mi viejo. Yo no hago nada más que tratar de llevar ese legado”.
Ese coraje demostrado en 2006 sigue siendo fundamental para el proceso de Memoria, Verdad y Justicia. Incluso hoy, las grabaciones con el testimonio de Julio López continúan utilizándose como prueba en juicios de lesa humanidad.
“Es importante reivindicar la lucha de todos los organismos de derechos humanos, lo que han hecho todos los compañeros y compañeras que fueron a testificar”, enfatizó durante la entrevista radial.
Una agenda en La Plata para mantener viva la memoria
La jornada conmemorativa se completa con múltiples iniciativas en la capital bonaerense. Además de la exposición de fotos y la proyección de un breve documental elaborado con imágenes familiares recuperadas, Rubén confirmó la marcha central hacia Plaza Moreno fijada para las 17 horas. También adelantó la realización de la caminata abierta Las Veredas de López, un recorrido que partirá desde la vivienda histórica en Los Hornos.
En un momento entrañable de la charla, Rubén relató los trabajos de replantación de árboles realizados junto al municipio frente a la casa familiar: “Se plantaron varios arbolitos porque los que estaban se secaron. Si se aparece algún día, me caga a patadas mi viejo porque dejé que se sequen. Bienvenido va a ser…”. Un testimonio que demuestra que, frente a la impunidad impuesta por los años, el amor filial y la memoria de La Plata continúan intactos.


