Durante una década logró mantenerse oculto, cambió su aspecto físico y desapareció del radar de la Justicia. Pero un detalle imposible de borrar terminó delatándolo: un extraño tatuaje en una de sus orejas. Así cayó “Oreja Tatuada”, un peligroso delincuente acusado de haber matado a su propio cuñado durante un brutal robo armado en Santa Fe.
El operativo que permitió capturarlo se realizó en la localidad bonaerense de González Catán, donde agentes de la Policía Federal lograron detener al prófugo de 34 años tras meses de seguimiento y tareas de inteligencia.
La historia detrás de la captura parece salida de una película criminal. Todo comenzó en enero de 2016 en la ciudad santafesina de Las Toscas. Según la investigación judicial, el acusado y su cuñado circulaban en moto cuando interceptaron a otro motociclista con fines de robo. Armados con un revólver, amenazaron a la víctima y le quitaron el vehículo para escapar rápidamente.
Sin embargo, la fuga duró pocos minutos. El damnificado logró alertar a la Policía y enseguida se montó un operativo cerrojo. Los sospechosos fueron localizados y comenzó una intensa persecución que terminó a los tiros.
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En medio del enfrentamiento, uno de los delincuentes cayó muerto de un disparo en la cabeza. En un primer momento, la sospecha recayó sobre los policías que participaron del operativo y hasta se ordenó su detención. Pero el giro inesperado llegó con la autopsia.
Los peritos determinaron que la bala extraída del cuerpo era calibre .32, incompatible con las armas reglamentarias de los efectivos, que utilizaban municiones 9 milímetros. La conclusión fue contundente: el ladrón había sido asesinado accidentalmente por su propio cómplice durante el tiroteo.
Desde entonces, la Justicia ordenó la captura inmediata del sobreviviente, que logró permanecer prófugo durante diez años.
Los investigadores reconstruyeron lentamente sus movimientos mediante tareas de ciberpatrullaje y seguimientos encubiertos. Descubrieron incluso que había modificado notablemente su apariencia para no ser reconocido. Pero una fotografía fue clave para identificarlo: en la imagen se observaba un llamativo tatuaje en una de sus orejas, marca que le valió el apodo de “Oreja Tatuada”.
Finalmente, los agentes detectaron una vivienda de la calle Federico Báez al 5400, en González Catán, donde el acusado frecuentaba reuniones con otros hombres. Tras varias horas de vigilancia, lo vieron salir de la finca y lo arrestaron en el acto.
Ahora quedó nuevamente a disposición de la Justicia, acusado de homicidio agravado por el uso de arma de fuego en ocasión de robo.

