Lo que durante dos semanas se intentó ocultar bajo un manto de sospechas, acusaciones de “fake news” y operaciones de prensa para desviar la atención, por fin terminó por derrumbarse ante el peso de la evidencia. Una investigación exhaustiva publicada por el New York Times confirmó que el gobierno de los Estados Unidos es el responsable directo del asesinato de más de 160 niñas en una escuela primaria de la ciudad de Minab, al sur de Irán.
El ataque, perpetrado el 28 de febrero en la jornada inicial de la guerra, fue ejecutado mediante misiles Tomahawk lanzados por fuerzas estadounidenses, terminando con la vida de alumnas de entre 7 y 12 años.

El “error” de inteligencia
Según los documentos obtenidos por el citado medio neoyorquino, el comando militar para Oriente Medio (Centcom) fijó las coordenadas del ataque utilizando información proporcionada por la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA). Los investigadores admitieron que se utilizaron “datos desactualizados” para planificar la ofensiva.
El objetivo real, según la versión oficial de Washington, era una base naval de los Guardianes de la Revolución que se encuentra en la misma manzana; sin embargo, el Pentágono ignoró que el edificio escolar había sido separado físicamente de la instalación militar mediante una valla construida entre los años 2013 y 2016.

Esta supuesta negligencia técnica se traduce en una carnicería humana que la UNESCO ya calificó como una “grave violación del derecho internacional”. A pesar de que la versión del “error” es la que circula en los despachos de Washington, la realidad fáctica muestra a un Estado asesino que bombardeó un establecimiento educativo en pleno horario de clases.
El ataque ocurrió en el inicio de la semana laboral iraní, lo que garantizó un “máximo daño y víctimas”, según denunciaron corresponsales internacionales en la zona.

Fin de las operaciones mediáticas
La confirmación llega después de un período de intensa manipulación informativa en los medios de comunicación de Occidente. Durante días, las redes sociales y grandes cadenas de noticias sugirieron que los videos de las niñas fallecidas bajo los escombros podían ser productos de la Inteligencia Artificial o que el proyectil era un misil iraní desviado.
Se llegó incluso a apelar a clichés misóginos para sembrar dudas, cuestionando si las niñas en Irán realmente estudiaban o por qué había clases un sábado, desconociendo deliberadamente que en Irán el sábado es un día lectivo normal.
Como ya hipotetizó Infocielo, la asimetría discursiva fue total: mientras que un ataque iraní contra una escuela en Israel habría sido catalogado instantáneamente de “barbarie” por la prensa argentina y mundial, el asesinato de las 160 colegialas en Minab fue tratado inicialmente con una cautela cómplice, diluyendo la responsabilidad en la “complejidad del conflicto”.
Hoy, la autopresentación de Estados Unidos como el autor del hecho deja sin argumentos a quienes intentaron “embarrar la cancha” informativa.
Silencio y cinismo político
La reacción de la cúpula política norteamericana fue oscilando entre el cinismo y la negación. El presidente Donald Trump, consultado por el informe del Times, se limitó a declarar: “No sé nada al respecto”, a pesar de haber sugerido días antes que Irán podía haberse “auto-atacado”.
Por su parte, el Secretario de Estado Marco Rubio intentó blindar la imagen del ejército afirmando que “Estados Unidos no apuntaría intencionadamente contra una escuela”, una declaración que choca con la realidad de los 160 cuerpos recuperados entre los escombros de Minab.
En Argentina, el diario Clarín, siempre cercano a los intereses norteamericanos y de su embajada, lo presenta como un “error de cálculo”, minimizándolas culpabilidades de los estados norteamericano e israelí, y presentándolo como un “hecho involuntario”, tratando en línea con lo que se viene haciendo hace casi 15 días, de alivianar el peso del asesinato.
El presidente iraní Masud Pezeshkian responsabilizó conjuntamente a Estados Unidos e Israel por lo que considera una masacre deliberada. Mientras tanto, la comunidad internacional observa cómo el país que digita la comunicación global debe reconocerse ante el mundo como el autor de una de las peores matanzas de niños en la historia reciente de la región.

