El mundo del espectáculo argentino despide con pesar a Sergio Lerer, actor, docente y psicoanalista, que falleció a los 76 años. Su nombre tal vez no sea masivo, pero su cara fue familiar para miles de espectadores: apareció en series icónicas como Los Simuladores, Casados con hijos y Peor es nada, hizo más de 70 publicidades y trabajó en películas nacionales e internacionales, incluyendo el musical Evita (1996) y Siete años en el Tíbet (1997), donde compartió elenco con Madonna y Brad Pitt.
La noticia fue confirmada por la Asociación Argentina de Actores, que destacó su extensa trayectoria en los escenarios y en la difusión de la cultura judía. Lerer tuvo un recorrido versátil: además de actuar, fue cantante, traductor, docente de hebreo y psicoanalista. También enseñaba en universidades y se autodefinía en redes como “peronista de cuerpo y alma”. “Me avivé de chico. En la adolescencia descubrí la felicidad de ganarme los mangos en lo que me gusta: psicoanalizando, actuando, enseñando, traduciendo”, decía en una entrevista durante la pandemia.
Hijo de un actor polaco y una madre ceramista, Sergio Lerer creció en una familia atravesada por el arte. Su vida combinó el trabajo en el teatro independiente, la televisión comercial y el cine nacional e internacional. Fue una figura respetada dentro y fuera del escenario, especialmente en el circuito del teatro en idish, donde brilló con obras como Es difícil ser judío, Jasie, La huérfana y Había una vez una aldea, muchas veces acompañado del recordado Norman Erlich.

Un actor todoterreno con corazón de artista
Aunque sus participaciones en televisión eran breves, muchas quedaron grabadas en la memoria colectiva: Todos contra Juan, Los Simuladores, Casados con hijos o Peor es nada fueron algunas de las ficciones que lo incluyeron. Su carrera en el cine también fue extensa: trabajó en El censor, El amor en una mujer gorda, La suerte está echada e Hijo del río, entre muchas otras.
Lerer también tuvo un rol activo en la comunidad artística: participaba de actividades en la Asociación Argentina de Actores, daba clases, se presentaba en cafés culturales con canciones en idish y siempre mantenía viva su identidad y sus convicciones. Su legado es el de un artista integral, de esos que pueden pasar del teatro clásico al café-concert, de Shakespeare a un stand-up comunitario, del consultorio al set de rodaje. Su muerte deja un vacío en la cultura, pero también el recuerdo de una vida vivida con intensidad y vocación.

