Por algo le dieron la #10. Por algo, Nicolás Barros Schelotto debutó en un Clásico y tardó segundos en convertirse en titular. Por cosas como las que el Heredero hizo frente a Racing: un golazo olímpico para mirar, mirar y seguir mirando.
Estalló el Bosque cuando Barros Schelotto Junior clavó de zurda la pelota en el ángulo superior derecho de Facundo Cambeses. En el minuto 9, acomodó la número cinco sobre el cuarto de círculo de cal, casi sobre el límite de lo permitido. Alzó la vista y gatilló. Y zácate.
La pelota sobrevoló todo el área, donde el ramillete de jugadores de GELP esperaba el centro y los futbolistas de Racing esperaban que la pelota cayera en la zona del área chica. Pero NBS los engañó a todos. Y entonces, sorprendió a Cambeses. Y a todos los que explotaron en el Carmelo Zerillo.
El último gol olímpico había sido en 2019, en cancha de Newell’s, made in Ariel Matías García. Pero este fue especial por autor. Porque lo metió el juvenil que más expectativas genera. Por el talento probado, por la personalidad que mostró en las Inferiores, por portación de apellido. Por todo eso que agrupó en ese remate que besó la cara interna de la red en su primer gol en Primera División.
Sí: Nico -quien había ejecutado el tiro libre del que nació el córner del 1-0- está demostrando sus credenciales. E ilusionando con todo en el Bosque.

