Para quienes no lo sigan en redes, el youtuber Israel Urquizo (en algunos medios aparece como Ysrael Urquizo, @israelurquizo) es profesor de historia en Villa Scasso, La Matanza, y uno de los nombres que más creció en el último tiempo dentro de un formato de contenido digital que recorre en moto los barrios populares del conurbano bonaerense.
A diferencia del enfoque que asocia esos territorios únicamente con la inseguridad, su propuesta pasa por conversar con los vecinos, rescatar la identidad de cada barrio y, cada tanto, entrevistar a personas en situación de calle.
Lo que arrancó como una iniciativa artesanal hoy suma decenas de miles de seguidores entre YouTube e Instagram y le valió entrevistas en medios de alcance nacional e internacional como Infobae, donde el propio Urquizo explicó el sentido de su trabajo.
Allí sintetizó su motivación: buena parte del contenido sobre el conurbano privilegia la violencia y el delito porque eso genera clics, mientras que casi nadie muestra cómo son realmente esos lugares.
De todos modos, aclaró que su intención no es idealizar esa realidad (en sus recorridas sufrió agresiones, y llegó a contar que “me han dado un botellazo y casi me apuñalan”) sino ampliar la mirada sobre barrios que rara vez tienen espacio en la agenda mediática.
Esa fue, otra vez, la lógica que lo trajo hasta Tolosa para su último video.
Tensión en el monoblock
En su canal de YouTube, bajo el título “Me OBLIGARON a BORRAR CONTENIDO – La Plata”, Urquizo se adentró en los pasajes del complejo habitacional conocido como “La Favela” o “La Favelita”.
Lo que arrancó como un registro cotidiano derivó en una situación de tensión cuando intentó filmar “La Mansión“, un antiguo geriátrico abandonado y tomado por varias familias que funciona como un asentamiento interno dentro del propio complejo. Allí, dos hombres lo interrogaron con desconfianza al sospechar que era policía y lo obligaron a borrar las imágenes que había tomado adentro.
“Tuve que borrar la filmación interna porque había filmación de cómo es el lugar y aparecieron dos personas efusivas preguntando si era policía”, relató el docente tras dejar el predio.
La situación escaló cuando le exigieron identificarse: “Me hicieron levantar el buzo… me sacaron la foto, el chabón me puso ahí adelante, me sacó una foto, yo no sé para qué”, detalló, y reconoció que “la sacó barata” al haber viajado sin el celular encima. Pese al mal momento, el episodio no le hizo abandonar el registro del resto del barrio.
El origen de “La Favelita”
Según el mismo narra en el video, se trata de una urbanización planificada por el Fonavi (Fondo Nacional de la Vivienda) a fines de la década del cincuenta, pensada para dar respuesta al déficit habitacional que generó el crecimiento explosivo de La Plata.
Para eso se eligieron terrenos fuera del casco fundacional, en Tolosa. El apodo, según reconstruyó Urquizo en el registro audiovisual, remite a un operativo policial de la época llamado “Favela Blanca”, del que derivó el nombre con el que hoy se conoce al complejo.
Vecinos consultados por Urquizo coincidieron en que el panorama cambió con los años: en los noventa el barrio supo tener bunkers de drogas y armas, pero hoy, según uno de ellos, “está súper tranqui, más que nada porque la gente que se suponía que eran los picantes de acá falleció, cayó presa o se fue a otro lado”.
El mismo vecino advirtió sobre una problemática distinta: chicos de entre 12 y 14 años que roban motos y asaltan dentro del propio barrio, lo que llevó a que muchas familias cerquen sus casas con alambrados y paredes prefabricadas para protegerse.
Detrás del “historiador motorizado”
El perfil de Urquizo excede el de un simple recorrido en moto por barrios postergados. Según contó en aquella entrevista del medio nacional, buena parte de la identidad de esos lugares permanece invisibilizada porque nunca fue documentada: no hay una historia escrita de cómo se originó cada barrio, y la reconstruye a partir de lo que le cuentan los propios vecinos. Ese mismo criterio aplica a las entrevistas que suma con personas en situación de calle, un costado de su trabajo que fue creciendo con el tiempo.
Ahí encontró un patrón que, dijo, contradice buena parte de los prejuicios habituales: la mayoría de esas historias tienen origen en una depresión, una crisis familiar o la sensación de ser una carga para los seres queridos, y no necesariamente en el consumo problemático.
Una de las anécdotas que más lo marcó fue la de un hombre que, después de aparecer en uno de sus videos, logró reencontrarse con su hija tras años sin contacto, un episodio que para el propio Urquizo confirmó que su trabajo también puede generar cambios concretos en la vida de quienes retrata.
Postales de una periferia integrada
La visita a Tolosa reaviva, además, una discusión identitaria propia de La Plata: la resistencia histórica de sus habitantes a reconocerse como parte del conurbano bonaerense.
Fundada por el gobernador Dardo Rocha a fines del siglo XIX con la intención de competir con la Capital Federal, la ciudad construyó desde entonces un sentido de excepcionalidad que se sostiene en las diagonales, el neogótico monumental de la Catedral “más linda del mundo”, y costumbres como la de la histórica confitería Modelo, donde todavía se sirve cerveza con maní y las cáscaras se tiran al piso.
Sin embargo, la expansión urbana de las últimas décadas desdibujó esa distinción. Como quedó a la vista en el recorrido de Urquizo por la periferia platense, Tolosa comparte hoy problemáticas de vivienda, infraestructura y seguridad muy similares a las de buena parte de los distritos del Gran Buenos Aires, algo que muestra (guste o no) una integración urbana de facto pese a la resistencia histórica de los propios platenses a asumirla.

