La pasión por el deporte adaptado y el compromiso social hallaron un punto de convergencia en la trayectoria de Matías Cruz. Egresado de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), su acercamiento al deporte adaptado comenzó a delinear su perfil profesional desde la etapa universitaria, para luego transformarse en su verdadera vocación de vida.
Sus primeros pasos en el campo laboral formal transcurrieron en el ámbito educativo tradicional, aunque el punto de quiebre definitivo aconteció al asumir funciones en la Escuela Especial N° 515 de Gonnet. Allí tomó contacto directo con la enseñanza destinada a estudiantes con discapacidad visual.

Matías Cruz (izquierda) y Francisco José Rey Patrón (derecha), nuevos directores técnicos de Las Topas (seleccionado nacional de goalball)
Inicios académicos y vocación por la inclusión
El interés inicial de Cruz por el ámbito adaptado surgió a partir de las prácticas profesionales que formaban parte del plan de estudios de la carrera universitaria. En aquel período de formación descubrió las dinámicas y la riqueza de las disciplinas orientadas a atletas con discapacidad.
Sobre aquella primera aproximación al terreno del deporte adaptado, Matías recuerda: “En la carrera tenemos una materia en cuarto año que se llama Didáctica para la Integración. A mí me tocó ir a ver fútbol para personas con discapacidad intelectual, me re entusiasmé y me gustó”. Aquella experiencia inicial impulsó su decisión de tomar cargos en escuelas especiales apenas inició su recorrido docente.

Equipo de goalball del Centro Basko de La Plata. Instagram @goalballcentrobaskolaplata
El surgimiento del goalball y la llegada al Centro Basko
En 2018, tras concurrir con la escuela a los Torneos Bonaerenses, Cruz conoció las reglas del goalball, una disciplina creada específicamente para personas con discapacidad visual. Motivado por el potencial de la actividad, presentó un proyecto institucional en la Municipalidad de La Plata que comenzó a rodar en abril de 2019.
Luego de la interrupción por la pandemia, el vínculo generado con entrenadores de fútbol ciego le permitió mudar la práctica al Centro Basko. Al rememorar la conformación del plantel, Matías detalla: “Lo primero que teníamos a mano eran los chicos y las chicas de la Escuela 515. Los convoqué, se entusiasmaron y empezamos así. Después se fueron sumando exalumnos y amigos”.

Evolución competitiva y crecimiento del grupo
A pesar de un inicio adverso en el aspecto puramente estadístico durante la primera temporada en la federación, el equipo platense mantuvo un proceso de aprendizaje constante. Con el paso de los años, el proyecto sumó herramientas de entrenamiento y mayor rigor en la preparación física.
Al evaluar el balance de este período, el entrenador señala que “el avance fue sostenido. Los chicos fueron creciendo en edad y en su desarrollo deportivo como jugadores de goalball. Se fueron incorporando los hábitos de gimnasio, de cuidado corporal y empezaron los viajes. El desarrollo fue deportivo, profesional y grupal para todos“.

El salto a la gestión nacional dentro de FADEC
La dedicación y el nivel técnico desplegado en el ámbito local captaron la atención de la Federación Argentina de Deportes para Ciegos (FADEC). A partir del llamado a concurso para la renovación de los cuerpos técnicos nacionales, Mónaco presentó una propuesta estratégica junto al profesor Francisco José Rey Patrón.
Si bien la dupla finalizó en el segundo lugar del proceso de selección, la dirigencia nacional les ofreció asumir la conducción del área de torneos. Al respecto, Matías explica: “A raíz de una buena recepción que tuvieron los dirigentes de nuestro proyecto, nos propusieron coordinar las competencias nacionales de goalball de FADEC”. Tras un primer balance positivo, la estructura sumó nuevos integrantes para potenciar la logística y el arbitraje nacional.
El trabajo compartido y las proyecciones a futuro
La llegada a la federación nacional implicó reestructurar la distribución de tareas dentro del proyecto que Cruz encabeza en La Plata. Para sostener el crecimiento local sin descuidar el frente nacional, el equipo de trabajo del Centro Basko y la comuna sumó nuevas entrenadoras formadas en el propio espacio.
Con el fin de compatibilizar ambas responsabilidades, Cruz remarca el rol de las referentes que hoy asumen la conducción cotidiana: “Tenemos a exjugadoras y profes encargadas del equipo en lo administrativo, la logística y la parte técnica. Yo voy a seguir como técnico, pero vamos a tener que dividir un poco las responsabilidades y los tiempos”.
Qué es el Goalball y cómo se juega
Desde su invención como terapia para rehabilitar a los soldados heridos en la II Guerra Mundial, el goalball se ha extendido por todo el mundo. Lo practican deportistas con discapacidad visual que utilizan una pelota sonora y se ha convertido en uno de los deportes de equipo más emocionantes dentro del programa paralímpico.
El goalball enfrenta a dos conjuntos de tres jugadores en una cancha interior marcada con líneas táctiles. En cada extremo hay un arco de 9 metros de largo por 1,3 de alto, en la que los miembros del equipo contrario deben meter la pelota tras lanzarla rodando por la pista. Todos los deportistas deben tirar y también todos deben defender sus arcos con el cuerpo.
Para permitir que practiquen este deporte personas con diferentes grados de discapacidad visual, los jugadores deben llevar unas gafas que les cubra por completo los ojos, para evitar ventajas en el juego. Además, la cancha debe permanecer en silencio durante todo el partido, para permitir que ambos equipos puedan escuchar la pelota. Sólo se permite gritar y aplaudir cuando se marca un gol.
La primera vez que se disputó un partido de goalball en unos Juegos Paralímpicos fue en Toronto 1976, aunque sólo a modo de exhibición. Su inclusión definitiva se produjo en Arnheim 1980, para la categoría masculina, y en Nueva York y Stoke Mandeville 1984 para la femenina.

