La fábrica textil platense “Clan Issime” ubicada en la zona de Tolosa transita sus horas más oscuras. Tras el cese de actividades luego de cinco décadas de trayectoria en la región, Dolores Bizet, dueña de la firma, dialogó con el periodista Nicolás Chillón en el móvil del programa “Todo no se puede” por La Cielo 103.5, conducido por Juan Coscarelli.
Desde la planta de calle 526 entre 14 y 15, donde las máquinas y el stock se preparan para un remate de liquidación, la empresaria repasó las causas de un final inevitable y dejó crudas definiciones sobre la crisis que atraviesa el sector textil a nivel nacional.
El derrumbe de una red nacional
“Primero fueron los locales. Nosotros éramos mayoristas y vendíamos a más de 100 locales de todo el país”, comenzó Dolores, afectada por la recesión generalizada que terminó por estrangular el proyecto familiar.
El desplome del consumo interno y las asimetrías cambiarias desataron un efecto dominó nacional. Los comercios de provincias limítrofes sintieron el impacto de inmediato por las diferencias de precios con países vecinos: “Mendoza, Misiones, empezaron a quebrar porque la gente con un dólar barato cruzaba, le dejaba los dólares al vecino y quebraba a sus propios vecinos”.
Ese proceso recesivo nacional terminó trasladándose al ámbito local bonaerense. “Ahí empezamos a mirar qué pasaba. Algunos cerraban, otros se atrasaban un poquito en los pagos”, describió sobre la ruptura en la cadena de pagos.
Eventualmente, la crisis golpeó de lleno a sus puntos de venta en La Plata: cerraron las sucursales de City Bell y el local del centro debió bajar sus persianas. “Ese local del centro cerró el lunes definitivamente. No era nuestro, el alquiler se hizo insostenible”, lamentó.
Plataformas sin impuestos y asfixia interna
Bizet apuntó a la presión fiscal interna y a la apertura aduanera que asfixian a quienes producen en el país. En ese sentido, calificó de injusta la competencia frente al comercio digital extranjero que ingresa libre de cargas al mercado interno: “Hubo varios motivos en cuanto a los locales. Primero los impuestos. Vos pensá que de una persona que gasta 100 pesos, 40 pesos son para el Estado, y todo lo demás es para sueldos, gastos de electricidad, tarjetas de crédito. Es lo que la gente no entiende… dicen ‘ganan mucha plata’. No, no ganamos mucha plata”.
A esta pesada estructura impositiva se le sumó la irrupción masiva de grandes corporaciones asiáticas de entrega a domicilio. “El tema de Shein y el tema de Temu… importaciones que entran sin impuesto. O sea que son casi 40 millones de ciudadanos que compran sin pagar impuestos. En cambio, cuando nosotros queremos importar, tenemos montones de trabas y es un costo increíble”, contrastó.
Para la empresaria, este modelo es devastador: “Cuando una persona compra esa remera a dos mangos, está pagando un despido. El gobierno chino subvenciona a sus industrias. El empleado argentino no tiene el mismo costo que un empleado en China”.
De la ilusión industrial al empleo público
La empresaria, con más de 50 años en el rubro textil y 40 como industrial, aseguró haber sobrevivido a innumerables crisis históricas. Sin embargo, definió el actual contexto de recesión y apertura comercial como terminal para la industria PyME: “Viví todos los momentos políticos y sociales con todos los años que tengo. ¿Y este cómo lo calificás? El peor de todos. De este no pude salir. Terrible”.
Recordó que incluso en épocas difíciles y dictatoriales como la de Martínez de Hoz cerraron textiles, pero “la importación se manejaba con una regulación lógica”.
Lo que más duele en el galpón de Tolosa, que debe entregarse completamente vacío el próximo 10 de septiembre, es el factor humano y la pérdida de porvenir para los jóvenes profesionales que apostaron al desarrollo productivo local. “Siento mucho dolor, siento tener que desprenderme de esto porque es una PyME familiar. Los chicos están muy mal, se sienten muy mal ellos”, confesó respecto a su planta de operarios.
En una de las reflexiones más conmovedoras del diálogo radial, Dolores rescató el testimonio de una de sus colaboradoras técnicas como reflejo del desaliento en el sector privado: “Una de las personas me dice: ‘Dolores, yo estudié seis años en la UBA diseño… y hoy sentada acá quisiera ser empleada pública’. ¡¿Pero qué me estás diciendo?! Quisiera ser empleada pública… El mundo evoluciona, pero la Argentina no tiene un desarrollo industrial correcto ante lo que está mostrando el mundo. Y eso es muy doloroso. Yo tengo casi 80 años y veo a mis nietos y me pregunto qué futuro van a tener”.

