“No pido que me crean. Solo que me lean”, escribió José Luis Espert al reaparecer públicamente para defenderse de las acusaciones que lo vinculan con Fred Machado, el empresario investigado en Estados Unidos por narcotráfico, lavado de activos y estafa.
Su descargo llegó en un momento particularmente sensible para el gobierno de Javier Milei cuando el caso que involucra a Fernando Cerimedo volvió a ocupar el centro de la escena y puso nuevamente bajo la lupa los vínculos de figuras del universo libertario.
Espert eligió las redes sociales para desplegar una extensa defensa, con un argumento central: sostiene que el pago recibido de Machado correspondió a un “contrato de consultoría legítimo” y que no existió una maniobra de lavado de dinero. “No pido que me crean. Solo que me lean”, planteó, en un mensaje que busca desplazar la discusión desde las sospechas hacia la documentación incorporada a la causa.
El dirigente insistió en que el contrato fue firmado ante escribano en 2019 y apostillado por el Estado argentino. Según su versión, el acuerdo puede ser verificado online y su existencia estaría respaldada por correos electrónicos, testigos y documentación incorporada al expediente mediante extracción forense y certificación notarial.
“Los contratos truchos no se llevan al Colegio de Escribanos”, sostuvo Espert.
Su defensa apunta especialmente contra la hipótesis de que el contrato haya sido simulado para encubrir el origen del dinero. Según el exdiputado, la operación fue transparente porque el dinero ingresó a una cuenta a su nombre y mediante una transferencia bancaria perfectamente identificable.
La causa, sin embargo, avanzó sobre una trama que excedió aquella primera explicación pública. Espert fue imputado en la investigación sobre el contrato con Machadoy la Justicia allanó su vivienda y su despacho en el Congreso. Además, la documentación conocida sobre el vínculo con Machado puso bajo discusión el monto de la operación: el contrato difundido posteriormente estableció un valor de un millón de dólares, y no los 200 mil dólares que inicialmente habían quedado en el centro de la discusión.
Una defensa contra la causa y contra su propio pasado reciente
En su nuevo descargo, Espert también intentó responder a una de las principales preguntas de la investigación: qué ocurrió con los 200 mil dólares que recibió de Machado.
Su argumento es que no hubo lavado porque, según sostiene, ningún dinero volvió a Machado. “El dinero quedó en mi cuenta, a mi nombre, con mis impuestos pagados”, afirmó. Para Espert, esa circunstancia demuestra que se trató de un pago y no de una operación destinada a ocultar o reciclar fondos de origen ilícito.
También rechazó que su patrimonio haya registrado un crecimiento extraordinario como consecuencia del dinero recibido. Según su explicación, antes del contrato tenía una casa y un auto y actualmente conserva una casa y un auto. Aseguró además que las variaciones patrimoniales que aparecen en la causa obedecen principalmente a inflación y modificaciones en las valuaciones fiscales.
El dirigente puso como ejemplo la compra de un automóvil en una concesionaria oficial, operación que —según su relato— contó con factura, transferencia bancaria y documentación presentada ante el Registro. Su argumento es que una transacción de esas características no puede convertirse, por sí misma, en evidencia de lavado.
La explicación aparece después de una serie de episodios que fueron debilitando la posibilidad de reducir el caso a una denuncia política. Espert había sido citado a declarar en la causa y finalmente se negó a hacerlo, aunque cuestionó las filtraciones de información judicial a los medios.
También había dado un paso al costado de su candidatura a diputado nacional en medio del escándalo y tras una serie de contradicciones públicas que debilitaron su defensa, una decisión que anunció públicamente en octubre de 2025 mientras sostenía que se trataba de una operación política en su contra.
El entorno libertario vuelve a poner en aprietos a Milei
La reaparición de Espert no ocurre en el vacío. Llega cuando el caso Fernando Cerimedo vuelve a concentrar la atención pública y judicial. El consultor tuvo un papel relevante en la construcción de la estrategia digital del espacio libertario y mantuvo vínculos con figuras centrales del oficialismo. Ahora, las acusaciones surgidas a partir del ataque a balazos contra su expareja volvieron a instalar su nombre en el centro de la escena.
La coincidencia temporal resulta políticamente incómoda para La Libertad Avanza: mientras el caso Cerimedo vuelve a abrir interrogantes sobre personas que circularon por el entorno del poder libertario, Espert intenta cerrar su propio frente judicial y vuelve a instalar públicamente un caso molesto para el gobierno.
En el caso Espert, además, hay un elemento que vuelve a cobrar relevancia: el propio dirigente modificó su situación fiscal después de conocer quién era Machado. Según explicó ahora, cuando supo quién era realmente su contratante lo hizo público y rectificó sus declaraciones impositivas antes de recibir un reclamo del fisco.
Espert intenta convertir esa conducta en la prueba de que no hubo ocultamiento: “Esa es mi maniobra de ocultamiento”, ironizó.
La Justicia deberá determinar si esa explicación alcanza para despejar las sospechas que dieron origen a la investigación. Por ahora, Espert eligió volver a hablar. Y lo hizo con un extenso alegato en el que intenta que la discusión deje de girar alrededor de las sospechas y se concentre en aquello que, según sostiene, está escrito en el expediente. “Los documentos no militan ni operan”, concluyó.

