La ciudad de Mar del Plata atraviesa una profunda fractura social tras el fallecimiento de Sebastián Nazareno García, el adolescente de 16 años que perdió la vida el pasado domingo en un presunto intento de robo.
Mientras la fiscal Constanza Mandagarán avanza en la instrucción penal bajo la carátula de homicidio agravado, el debate público se trasladó al comportamiento del entorno del joven y su reclamo de “humanidad” ante la mirada crítica de la comunidad.
Dolor y despedida virtual
Pocas horas después de confirmarse que la autopsia determinó una hemorragia masiva como causa de muerte, las redes sociales se inundaron de mensajes de allegados.
Una amiga cercana al joven fallecido publicó una sentida despedida acompañada de una fotografía, expresando la incredulidad ante la pérdida del adolescente. Sin embargo, estas publicaciones no tardaron en recibir reacciones adversas por parte de usuarios que recordaron el historial delictivo del joven, quien poseía un proceso penal abierto por encubrimiento desde febrero.

El reclamo de los allegados
Ante la ola de críticas, los amigos y familiares de García iniciaron un pedido explícito de cese a las agresiones virtuales. “Les pido un poco de respeto a las personas que no conocen su historia y un poco de compasión para los que lo queríamos”, manifestó una de sus amigas en Instagram.

A este clamor se sumó su tía, Jimena García, oficial de la Policía Bonaerense, quien lo despidió con una imagen simbólica donde el joven luce alas de ángel. Este gesto generó controversia, especialmente al trascender que otros miembros de la familia poseen antecedentes por narcotráfico y robo automotor.
Clima de hostilidad urbana
La tensión alcanzó su punto máximo el lunes por la tarde, cuando un grupo de allegados al fallecido se concentró en la intersección de Juan B. Justo y Arturo Alió.
Lo que comenzó como un homenaje derivó en graves disturbios: los manifestantes apedrearon vehículos, rompieron vidrios y robaron bicicletas. Incluso un patrullero que intentó intervenir fue recibido a piedrazos y debió retirarse de la zona.

Estos actos de violencia, realizados en paralelo al pedido de “respeto”, han intensificado el malestar de los vecinos marplatenses, quienes exigen mayores medidas de seguridad frente a este tipo de represalias.
Por su parte, el comerciante detenido, Ulises Cristiano, solicitó medidas de resguardo físico en la Unidad Penal de Batán, alegando temor por su vida debido a que el padre del joven fallecido se encuentra alojado en el mismo complejo penitenciario.
Su defensa insiste en que actuó en legítima defensa tras haber sufrido ocho asaltos previos, mientras la sociedad permanece expectante ante el avance de una causa que expone las heridas abiertas de la inseguridad local.

