El debate sobre la gratuidad universitaria para no residentes volvió al centro de la escena política tras las afirmaciones de funcionarios de La Libertad Avanza sobre un supuesto “aluvión” migratorio en las aulas. Sin embargo, en diálogo con Infocielo Entrevistas, el decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata —UNLP—, Gustavo Marín, expuso una realidad que contradijo el relato de la Casa Rosada y reveló el millonario aporte que los estudiantes internacionales realizan a la economía de nuestro suelo.
Marín fue tajante al desmentir las cifras difundidas por el vocero presidencial, Adrián Ravier, quien había situado el porcentaje de extranjeros en medicina cerca del 40 por ciento, frente a la incredulidad del sistema universitario.
El decano precisó que, si bien en años anteriores se alcanzaron picos altos, la tendencia se revirtió de forma marcada. “Hoy ese porcentaje de ingresantes es del 14 por ciento”, señaló el funcionario, indicando que en 2026 la llegada de estudiantes de países como Ecuador o Brasil disminuyó sensiblemente debido al encarecimiento del costo de vida en Argentina.
El titular de la unidad académica explicó que el Gobierno nacional incurrió en un error conceptual al no distinguir entre “extranjeros por nacimiento” y aquellos que realizaron una “migración educativa”. “Si vos tomás aquel que terminó la secundaria en Argentina son muchos menos los extranjeros porque ya es un argentino más”, argumentó, destacando que muchos alumnos son hijos de familias radicadas que trabajan y conviven en la provincia. Además, recordó que la UNLP exige la tramitación del DNI argentino para el mes de noviembre del año de ingreso como requisito de regularidad.
El aporte de 500 mil millones a la economía real
Frente a la idea de la educación como un “gasto”, Marín presentó “la otra cara” del fenómeno: el impacto económico positivo en la región. Citó estudios que estimaron que los estudiantes extranjeros inyectan cerca de 500.000 millones de pesos anuales en el sistema productivo nacional a través de gastos directos en alquileres, transporte y alimentos. “Aportan porque viven acá y consumen acá; aportan en el IVA y en Ingresos Brutos”, enfatizó, recordando que estos tributos son los más regresivos y recaen sobre todo aquel que habita el territorio.
Incluso calificó como “poco oneroso” el costo de formación debido a los bajos salarios actuales del sector educativo, lo que terminó diluyendo la inversión estatal frente al movimiento económico que generó la permanencia de los estudiantes en ciudades como La Plata. Para Marín, que la universidad sea elegida por jóvenes de toda América Latina debiera ser considerado un “mérito” de la calidad educativa argentina y no un demérito, ya que permite formar cuadros científicos y políticos que posicionan a la institución entre las mejores 500 del mundo.
La postura del decano sintonizó con las críticas de Franco Bartolacci, presidente del Consejo Interuniversitario Nacional —CIN—, quien definió la discusión como un “debate mentiroso” que solo buscó desacreditar al ámbito universitario para justificar el ajuste. Marín advirtió que centrar la atención en los extranjeros fue una estrategia para quedarse en la “periferia” de los problemas centrales, como la falta de cumplimiento de la Corte Suprema de Justicia, que ordenó un aumento del 20 por ciento en el presupuesto que aún no se acreditó.
Finalmente, el decano instó a discutir los temas de fondo, como el bajo número de egresados o el sostenimiento de la infraestructura, en lugar de profundizar normativas “anticonstitucionales” como el arancelamiento de las carreras de grado. Aseguró que la universidad pública debe seguir siendo un polo de atracción regional que enorgullezca a la provincia, desarmando los discursos que pretenden asfixiar al motor del conocimiento nacional.

