Este miércoles por la tarde, la pantalla de El Nueve fue testigo de un momento que dividió aguas en la opinión pública: el reencuentro virtual de Carmen Barbieri con su padre, el legendario capocómico Alfredo Barbieri, fallecido hace 41 años.
Gracias a la intervención del artista visual Santiago Balosky, una versión digital generada por inteligencia artificial permitió que la conductora dialogara y se viera “abrazada” con una réplica de su progenitor.
Para la actriz, el impacto fue inmediato y profundamente conmovedor, quebrando en llanto al reconocer la fidelidad de la voz y la imagen. “Me lo traés a la vida otra vez”, expresó Carmen, evidenciando el potencial de estas herramientas para movilizar la memoria afectiva.
Un bálsamo para el alma
Desde la psicología, este fenómeno se vincula al modelo de los “vínculos continuos”, que sostiene que el duelo no implica romper lazos con el difunto, sino transformar la conexión.
Para muchos, estos “griefbots” o avatares póstumos actúan como un ritual de despedida necesario, permitiendo expresar aquello que quedó pendiente. La tecnología genera una sensación de copresencia, donde el doliente siente que el ser querido está “ahí”, escuchando detrás de la pantalla.
En el caso de Barbieri, la recreación se basó en entrevistas originales para lograr un realismo que ella misma describió como “impresionante”. No obstante, lo que para algunos es una bendición tecnológica, para otros representa un riesgo para la salud mental.
¿Tributo o profanación?
La controversia estalla al considerar si estas recreaciones son una “aberración” que vulnera la dignidad de quienes ya no pueden consentir el uso de su imagen.
El marco legal actual advierte que la captación de la voz o imagen de un fallecido requiere autorización de los herederos y no debe ser ofensiva. Voces críticas, como la de Malena Guinzburg ante un homenaje similar, manifestaron su incomodidad, describiendo estas experiencias como perturbadoras o “impresionantes” de una manera negativa.

Existe, además, un peligro psicológico: que la relación virtual fomente una estrategia de negación crónica, impidiendo que el doliente acepte la irreversibilidad de la pérdida.
Expertos señalan que estas IA son “malos sustitutos” ya que ofrecen versiones congeladas en el tiempo, incapaces de evolucionar con el sobreviviente. Mientras Carmen Barbieri abraza este “regalo” visual, el debate sobre la comercialización de los restos digitales y la ética de “resucitar” figuras públicas sigue abierto. Es que la singularidad de un ser querido es, en última instancia, irremplazable.

