El debut de la columna “El mundo según” coincidió con una fecha emblemática: el Día Mundial del Ovni, que conmemora el 79° aniversario del incidente de Roswell. Para Antonella Jaime, este tema no es solo una curiosidad, sino un termómetro social que resurge con fuerza cuando cae la confianza en las fuentes tradicionales de autoridad, como ocurrió en la posguerra, tras el Watergate o en la actual era de la posverdad.
La analista destacó que el punto de quiebre moderno ocurrió en 2017, cuando el New York Times publicó videos de la Marina de los Estados Unidos —conocidos como Tic Tac, Gimbal y Go Fast— que mostraban objetos con tecnología inexplicable. En 2020, el propio Ministerio de Defensa de los Estados Unidos confirmó la veracidad de estas piezas, admitiendo su incapacidad para identificar los elementos observados. Este paso a la legitimidad fue seguido por el Reino Unido con la liberación de la “foto Calvine” y por Japón en 2026.
La “era del filtrador” y el secreto tecnológico
Uno de los ejes centrales de la columna fue la irrupción de figuras como David Grusch, un ex inteligencia que declaró bajo juramento ante el Congreso de los Estados Unidos sobre la existencia de ingeniería inversa de naves y restos biológicos no humanos. Según Jaime, estamos en la “era del whistleblower” o denunciante interno, donde la política se lee a través de desclasificaciones y filtraciones de alto impacto.
¿Por qué los gobiernos ocultan esta información? La columna planteó dos razones: una humana y otra geopolítica. Por un lado, la revelación rompería la “singularidad” del ser humano como único protagonista consciente del universo. Por el otro, existe un interés estratégico en la tecnología inversa; poseer información sensible sobre naves espaciales otorgaría una ventaja militar decisiva frente a potencias como China.
Finalmente, la columna abordó las promesas de desclasificación de figuras como Donald Trump y las advertencias del Banco de Inglaterra sobre la volatilidad de los mercados ante una confirmación de vida extraterrestre. Aunque a 79 años de Roswell aún no hay pruebas definitivas de observación mutua, la “omnimanía” sigue alimentándose de anomalías que ni siquiera Barack Obama pudo explicar.

