Mientras el kirchnerismo redobla las muestras de respaldo a Cristina Kirchner a días de que la expresidenta cumpla el primer año de condena y prisión domiciliaria, referentes de La Cámpora comenzaron a enviar señales para posicionar al apellido “Kirchner” como única garantía de cambio para el país.
La consigna “Kirchner para la Argentina”, difundida por Mayra Mendoza, y la proyección de una Casa Rosada sobre el departamento de San José 1111 impulsada por Damián Selci reavivaron la centralidad de la familia que supo hegemonizar el liderazgo político del peronismo de las últimas dos décadas en momentos en que otros sectores promueven a Axel Kicillof como eventual candidato presidencial.
La señal más explícita llegó de la mano de la intendenta de Quilmes en uso de licencia y una de las dirigentes más cercanas a Cristina. Mendoza compartió una entrevista del analista financiero Christian Buteler en la que advertía sobre las dificultades para cumplir con los compromisos asumidos con el Fondo Monetario Internacional y aprovechó para reivindicar la postura histórica de Máximo Kirchner frente a esos acuerdos.
“Máximo Kirchner lo viene diciendo hace rato”, sostuvo la dirigente camporista al recordar el rechazo del actual diputado nacional al entendimiento alcanzado durante el gobierno de Alberto Fernández.
Sin embargo, el dato político apareció en el cierre de su publicación. “Hay una receta para cumplir con nuestras obligaciones como país, primero con la gente y luego el resto: Cristina Libre y Kirchner para la Argentina”, escribió.
La formulación no pasó inadvertida dentro del peronismo porque reubicó a los Kirchner como síntesis de un proyecto de futuro. Una definición que inevitablemente remite a la discusión sobre quién ocupará la conducción del espacio y el rol de Máximo Kirchner.
La Casa Rosada en San José 1111
La publicación coincidió con otra demostración cargada de simbolismo político. El intendente de Hurlingham y dirigente camporista Damián Selci encabezó una movilización desde ese distrito hasta el domicilio de Cristina Kirchner en el barrio porteño de Constitución.
La actividad incluyó una intervención audiovisual que repasó distintas políticas de los gobiernos kirchneristas, como el desendeudamiento con el FMI, la recuperación de YPF, la Asignación Universal por Hijo, Fútbol para Todos y el matrimonio igualitario.
El cierre fue el momento más comentado. Tras la aparición de la frase “Un país en serio”, una imagen de la Casa Rosada fue proyectada sobre la fachada del edificio donde reside la expresidenta, transformando por algunos minutos el departamento de San José 1111 en una representación simbólica de la sede del Poder Ejecutivo nacional.
Mientras se desarrollaba la actividad, Cristina salió al balcón para saludar a los militantes que participaron de la convocatoria.
La puesta en escena fue interpretada por sectores de la oposición como una demostración excesiva de culto político, pero dentro del kirchnerismo también fue leída como una reivindicación del ciclo iniciado por Néstor y Cristina Kirchner y de la vigencia de ese liderazgo como referencia para el futuro.
La disputa con Kicillof
Las señales aparecen en medio de una tensión cada vez más visible entre La Cámpora y el sector que responde a Axel Kicillof. Aunque ambos espacios mantienen una convivencia dentro del peronismo bonaerense, en los últimos meses comenzaron a aflorar diferencias sobre la conducción política y la estrategia electoral de cara al futuro.
Uno de los episodios más significativos ocurrió durante un acto de formación política del PJ bonaerense encabezado por Kicillof en La Plata. Militantes identificados con La Cámpora irrumpieron en la actividad reclamando que el gobernador se pronunciara de manera más contundente bajo la consigna “Cristina Libre”.
La respuesta llegó desde otro sector de la militancia, que respondió con cánticos de “Axel presidente”, dejando expuesta una disputa que hasta entonces se expresaba principalmente en voz baja.
La tensión continuó al día siguiente durante una actividad del Movimiento Derecho al Futuro vinculada al área de Mujeres y Diversidad, donde dirigentes alineados con el gobernador profundizaron la instalación de Kicillof como posible candidato presidencial del peronismo para 2027.
Ese contrapunto ayuda a explicar por qué algunas expresiones recientes del camporismo son observadas con atención dentro del propio peronismo.
La reivindicación del apellido Kirchner no sólo funciona como una defensa de Cristina frente a su situación judicial. También aparece como una forma de reafirmar que la legitimidad política del espacio sigue descansando en el liderazgo construido por Néstor y Cristina, en contraste con quienes promueven una nueva etapa de “nuevas cancines” con Axel Kicillof.
El valor político del apellido
Nadie dentro de La Cámpora habla públicamente de una candidatura presidencial de Máximo Kirchner. Sin embargo, la insistencia en destacar sus posiciones políticas y la apelación directa al apellido familiar muestran un intento de preservar una marca política que conserva peso dentro del electorado peronista.
Por eso, detrás de las consignas de apoyo a Cristina y de los gestos cargados de simbolismo, comienza a emerger una discusión más profunda.
Mientras el axelismo trabaja para proyectar al gobernador como figura nacional, el kirchnerismo duro parece decidido a recordar que la sucesión dentro del espacio todavía lleva un apellido que considera propio: Kirchner.

