El Senado el 2026 arranca con una discusión que no se pudo saldar en la preparatoria de diciembre: el control interno del cuerpo. La sesión fue convocada para el jueves 26 de febrero, dos días después que la Cámara baja, y servirá para intentar ordenar una estructura que arrastra indefiniciones desde diciembre. Faltan algo más de 170 horas para develar los misterios que cubrieron al peronismo bonaerenses durante diciembre y enero, sus autoridades en el cuerpo legislativo están a punto de tomar nombres, cuerpo y forma.
La vicegobernadora Verónica Magario prorrogó a fines del año pasado la elección de vicepresidencias, la oficialización de autoridades de bloque y la fijación del calendario parlamentario, la matancera se paró sobre el reglamento y no atendió los reclamos de definiciones antes de que cierre el año calendario.
La decisión cayó mal en un sector del oficialismo, que esperaba cerrar el 2025 con el esquema institucional ya resuelto. No ocurrió. El Senado quedó virtualmente acéfalo en varias áreas clave. La Cámara Alta solo cuenta con un vicepresidente que podría llegar a ser gobernador y es Carlos Kikuchi, exarmador de confianza mileista caído en desgracia del universo libertario luego de las Primarias de 2023.
Desde entonces, la tensión no hizo más que crecer. Las diferencias entre La Cámpora y el Movimiento Derecho al Futuro —el espacio referenciado en Axel Kicillof— persisten incluso después de la aceptación del Gobernador para presidir el PJ bonaerense. La foto de unidad partidaria todavía no encuentra traducción en la Cámara alta.

La Vicepresidencia 1° aparece como la pieza más codiciada. No solo integra la línea sucesoria del Ejecutivo provincial: además preside la Comisión de Labor Parlamentaria, donde se negocia qué proyectos llegan al recinto y cuáles quedan en espera. Controlar ese sillón es administrar la llave del Senado.
En el kirchnerismo impulsan que Sergio Berni asuma la presidencia del bloque oficialista y que Mario Ishii se quede con la Vicepresidencia 1°. Del otro lado, el kicillofismo promueve a Ayelén Durán para ese lugar estratégico, resistiendo la idea de cederle ese espacio al intendente de José C. Paz. Ninguna de las alternativas logró consenso hasta ahora. Por estas horas gana terreno un equilibrista como Marcelo Feliú para conducir el bloque oficialista, a quien también postulan para conducir el bloque.
EL BLOQUE Y LOS CARGOS
Con el massismo y el espacio de Juan Grabois mirando la escena desde la platea, el resto de las tribus del oficialismo provincial ya puso nombres sobre la mesa, aunque ninguno logró todavía reunir los avales suficientes para cerrar la discusión. Tras el fugaz paso de Gabriel Katopodis por el Senado —solo fue a retirar su diploma y pedir licencia antes de volver al Ministerio de Infraestructura—, el Movimiento Derecho al Futuro empuja la candidatura de Ayelén Durán, ya sea para conducir el bloque o para ocupar la Vicepresidencia primera. La senadora bahiense, que supo militar en La Cámpora, hoy referencia su construcción política en Andrés Larroque y, en última instancia, en Axel Kicillof. Desde Calle 6 también dejaron trascender otros nombres: Germán Lago, recién desembarcado en la Legislatura pero con diez años de gestión como intendente de Alberti, aparece en el radar. La pregunta que sobrevuela es si la experiencia ejecutiva alcanza para ordenar una bancada atravesada por tensiones internas. En esa lógica, algunos se preguntan por qué no figura Jorge Paredi, ex jefe comunal de Mar Chiquita y armador del MDF en la compleja quinta sección. La foto de Kicillof con Paredi en la costa atlántica haces unas semanas no pasó inadvertida: en política, los gestos rara vez son inocentes.

Del lado de La Cámpora también mueven piezas. Emmanuel González Santalla asoma como uno de los dirigentes con mayor estructura dentro del kirchnerismo legislativo, mientras que el nombre de Fernanda Raverta circuló con menos fuerza tras sus traspiés electorales. Cuando se menciona a Sergio Berni como posible jefe de los 24 senadores peronistas, las opiniones se dividen: “Puede conducir una gobernación, pero un bloque requiere otra gimnasia; no es sencillo imaginarlo tejiendo consensos”, deslizó un legislador del conurbano. En paralelo, algunos sectores exploran un perfil más moderado, “alguien sin vocación de conflicto”, y allí reaparece Marcelo Feliú, experimentado senador bahiense de bajo perfil y diálogo aceitado con todas las tribus. Mientras tanto, el massismo se mantiene prescindente, aunque advierte que si la disputa escala podría promover una alternativa propia: Malena Galmarini encabeza esa eventual cuarta vía, con Valeria Arata como otra dirigente con volumen y confianza interna.
La pelea no termina ahí. El camporismo también presiona por la Secretaría Administrativa, actualmente en manos de Roberto Feletti, hombre cercano a Magario. En la Presidencia del cuerpo deslizan que esa exigencia forma parte de una negociación mayor que podría incluir la Prosecretaría Administrativa, ocupada por Martín Di Bella. Cada casillero forma parte de una ingeniería delicada donde nada se entrega sin contraprestación.
En el medio, proyectos relevantes perdieron estado parlamentario por la falta de acuerdos y la demora en ordenar la estructura interna. El malestar también se hace sentir en voz baja. “No convocó al bloque todavía la vicegobernadora”, reconoció una fuente oficialista, reflejando la ansiedad que atraviesa al peronismo en la Cámara alta.
El reciente fallecimiento del secretario legislativo Luis Lata abrió otra vacante sensible. Aunque su reemplazo aún no se discute abiertamente por respeto, es un cargo que inevitablemente entrará en el reparto final.
Mientras desde Calle 6 se cuestiona a la Legislatura por la lentitud en el tratamiento de leyes, en el kirchnerismo y el massismo remarcan que en Diputados los proyectos avanzan con mayor fluidez y señalan al Senado como el ámbito donde se traban iniciativas. Todos apuntan a la falta de trabajo del equipo de Magario “la rosca se la lleva puesta, le interesa más que sacar proyectos, ya sean de la oposición como los que mandan del Ejecutivo. Mirá lo que pasó con la empresa de medicamentos bonaerenses, le hizo perder estado parlamentario por un capricho. Antes de apuntarnos a nosotros que hablen con su compañera de fórmula”, rezongó un senador peronista.
El 26 de febrero será una sesión sin grandes debates legislativos, pero con alto voltaje político. El Senado deberá definir si la unidad del PJ es apenas un acuerdo partidario o si logra traducirse en un esquema de poder que ordene, de una vez, la interna parlamentaria.

