Con extraños artefactos y caminando expectantes a lo largo y ancho de distintas playas, los aficionados a la detección de metales se roban la atención de los turistas durante cada temporada de verano.
Es que si bien se trata de una actividad que muchos conocen, no se encuentra entre los hobbies más comunes y tanto el extravagante equipamiento que requiere como las características que reúne el pasatiempo siguen generando curiosidad entre los veraneantes.
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“Es un hobby interesante para nosotros porque te puede dar alegrías. Por ahí tenemos la suerte de encontrar anillos de oro, cadenitas, medallas”, cuenta Franco, un platense al que INFOCIELO sorprendió en las costas de Pinamar. “Más allá de que no buscamos la retribución económica, si viene un anillo de oro bienvenido sea, obviamente”, aclara.
“La pasamos muy bien y tenemos un grupo grande de gente que hace esto. Vamos a muchos lugares juntos, nos reunimos”, agrega el joven, quien practica la actividad desde hace cinco años tras haberla conocido mediante videos de YouTube.
Los aficionados a la detección de metales suelen encontrar cadenas de oro, dijes y medallas
La tarea fusiona diversos atractivos: permite conocer de cerca la historia de un lugar, desenterrar misterios, recorrer sitios desconocidos, interactuar con grupos de aficionados que comparten la misma pasión y también hacer actividad física: sus practicantes pasan horas caminando en busca de su objetivo.
“Me gustó la idea y me lancé con un equipo mucho más chico. Ahí empecé a conocer gente que se dedicaba a lo mismo, que me dio mucha información, me explicó y me tiró mucha buena onda”, dice sobre sus comienzos. “Después me pude estabilizar un poco más y comprar un equipo más grande”, continúa.
Entre los “tesoros” que recuerda Franco hay balas de cañón y mosquetes. También anillos de oro y medallas. “Encontrás realmente historia adentro del río, es muy gratificante”, sostiene el explorador.
Según describe detectoresdemetales.com.ar, los detectores de metal funcionan transmitiendo un campo electromagnético desde la bobina hacia el terreno. “Cualquier objeto metálico (objetivo) dentro de este campo se energiza y retransmite su propio campo electromagnético”, explica. Y detalla: “La bobina del detector recibe el campo retransmitido y alerta al usuario mediante una la producción de una respuesta al objetivo.
Estas máquinas son capaces de discriminar entre diferentes tipos de objetivos y pueden ser ajustadas para ignorar aquellos no deseados. Independientemente de la marca modelo o precio, la profundidad que alcanzan no la determina solo el artefacto, según indica el sitio web especializado, sino que depende de varios factores externos, como el tamaño y la posición del objeto a localizar y los tipos de suelo, de metal y de enterrado.
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