Sin embargo se cuentan con los dedos de una mano los medios occidentales que publicaron esta brutal información.
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Sólo aplicando un poco de imaginación puede llegar a intuirse que adjetivaciones se utilizarían en la prensa occidental si estos sucesos fueran ocasionados por las tropas de Rusia.
La práctica, condenable desde cualquier organismo de Derechos Humanos que se precie de serio e imparcial, consiste en atar a un poste, un árbol o cualquier palo ubicado en la acera, a los “merodeadores“, o como se los denomina en nuestro país “saqueadores” que aprovechan la situación de caos en ciudades de Ucrania, para hacerse de alimentos en medio de la invasión de Rusia.
Lo grave no es solamente el método inhumano de castigo brutal e instantáneo, sino que estas personas denigradas públicamente, no fueron sometidas a ningún proceso que pueda certificar y verificar la culpabilidad de aquello que se los acusa, e “ipso facto” por lo que se los tortura.
En medio de la guerra entre Ucrania y Rusia se produce este tipo de brutal golpiza a diario, por parte de ucranianos a supuestos saqueadores en Kiev y otras grandes ciudades
Tampoco se sabe si se trata de gente que quedó en la calle por haber sido atacados con misiles o bombas sus domicilios, o si las tropas de comandos nazis ucranianos, como el de Azov, aprovechan la confusión generalizada para golpear a las personas rusófilas que habitan en Kiev, Lviv, Jrakov, Mariupol o alguna de las demás ciudades grandes del país.
Se cuentan de a miles los videos en Twitter, Instagram, y hasta Tiktok, que graban cuando transeúntes, policías y militares ucranianos con saña golpean, desnudan y denigran a los supuestos saqueadores.
Estas prácticas, dignas del nazismo, tuvieron en las últimas horas un ejemplo tan cruel como los habituales, pero con una particularidad: la persona que azotaba al merodeador a quien le habían bajado los pantalones, comenzó una desquiciada andanada de patadas en el trasero, usualmente llamadas en Argentina “voleos en el or…”, que de tan furibundos llevaron al agresor a trastabillar y caer mientras golpeaba al merodeador indefenso, atado fuertemente con cinta de embalar al tronco de un árbol.
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