En una mañana marcada por la tensión del transporte público, la figura de la inefable cronista Paula Bernini volvió a generar interacciones en redes, aunque seguramente no por los motivos que ella hubiera deseado.
La movilera de la señal TN, conocida por su estilo de ponerse siempre al frente de las coberturas, buscaba retratar la odisea de los trabajadores que sufren la baja frecuencia de colectivos debido al aumento de combustibles.
Sin embargo, el protagonismo que suele regularmente reclamar ella en cada inundación o hecho policial, terminó jugándole una mala pasada cuando decidió subir a una unidad para al final trabarse en el proceso de pago, dejando al descubierto su total ajenidad a los códigos cotidianos de quienes viajan siempre en ese medio de transporte.
El show del QR fallido
Lo que debía ser una demostración ágil de la realidad cotidiana se transformó en un fragmento televisivo entre gracioso y patético.
Bernini intentó pagar su boleto utilizando una billetera electrónica, un método que miles de usuarios manejan con fluidez, pero demostró no tener la menor idea de cómo funciona.
En lugar de generar el código QR en su pantalla para que la máquina lo leyera, la periodista intentaba capturar algo con la cámara de su celular, como si la máquina de boletos fuera la que debía mostrarle un código a ella.
La escena se extendió por más de dos minutos, un tiempo eterno en televisión y aún más para los pasajeros que esperaban detrás. El desconocimiento técnico de la cronista sobre algo tan básico como el pago del boleto evidenció que su intención de mostrarse “cerca de la gente” carecía de sustento práctico.
Mientras forcejeaba con la aplicación, quedó claro que su realidad habitual está muy lejos de los colectivos que intentaba auditar.
“Se ve que tenés auto”
La situación llegó a su punto más irónico cuando el propio chofer, con una mezcla de paciencia y burla, tuvo que explicarle paso a paso cómo manejar su celular para que la máquina tomara el pago.
Ante la evidente torpeza de la comunicadora, el colectivero lanzó una frase letal que resumió el sentimiento de los espectadores: “Se ve que tenés auto”.
Fue el golpe final para una construcción mediática que busca situar a la periodista como la voz de los que sufren, pero que ignora las herramientas más elementales de la clase trabajadora.
Bernini, que suele ocupar más tiempo en pantalla que los propios entrevistados o las víctimas de las realidades que cubre, quedó atrapada en su propio dispositivo de espectacularización.
Su ignorancia de los códigos populares fue más que solo un error técnico, se trató de una muestra de la distancia con la vida real de quienes deben tomar el bondi cada mañana. El intento de ser la protagonista de la nota terminó por desnudar su mayor debilidad: la falta de calle.

