Subida a su propio ego y haciendo lo que todos los manuales del buen periodismo contraindican, Viviana Canosa se despidió de la TV con su programa “Nada Personal” transformándose ella en el centro de la noticia y haciendo que sus panelistas, como si fueran su propio séquito, la entrevisten en tono celebridad.
El título del programa final debería haber sido “Todo Personal” porque el 90% de la emisión fue destinado a ella misma, a victimizarse porque supuestamente la quisieron “voltear de la televisión” y sin embargo logró “llegar hasta el final“.
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Todo el envío de Viviana Canosa fue en tono de despedida heroica ,como si el programa hubiera estado al aire sin interrupción desde la década del ’60 y las planillas de rating le hubieran devuelto guarismos de 80 puntos como el partido Argentina Alemania de la final del año 1990 por ATC.
Se fue Canosa con ganas de saltar de bando. De un programa de tele hacia la función pública, a la que tanto le gustó defenestrar. Lo hizo con definiciones que la ubican claramente del lado Cambiemos de la vida, porque al darle a elegir entre Alberto Fernández y Mauricio Macri, si bien respondió “domingo” tapándose los oídos al estilo “ping pong de preguntas y respuestas” de aquel ciclo, al final, un segundo después, dijo que Fernández era un mentiroso y Macri no, lo que seguramente, de ser seriamente medida por algún partido, estará mucho más cerca de Juntos por el Cambio que de cualquier otro, aunque quizás por ahora sea más un deseo de ella que del ciudadano promedio.
Se fue Canosa, un extraño fenómeno que con índices de audiencia muy bajos lograba más llegada por sus provocaciones permanentes y por su afán desmedido de trascendencia, que por sus profundos análisis o sus sesudas preguntas haciendo que se hable de ella, mitad por su belleza muy bien conservada, y mitad por saber trabajar para un público específico que compra todo aquello que tenga tinte antiperonista y que levante banderas conservadoras.
Y se fue escribiendo una carta como si fuera una celebridad que deja un legado para la posteridad.
La misiva la leyó al aire con “aires” de Winston Churchill en su programa.
Está llena de falacias, inconsistencias, lugares comunes (“el año que vivimos en peligro” es la frase que desde marzo mas “cringe” produce por su obviedad), y apreciaciones propias de ella que da por verdades absolutas, como decir que fue un año que los chicos no tuvieron clases o dar a entender que el gobierno tuvo su plan en la pandemia al llamarle “plandemia”. Aquí su texto.
Programa final de Viviana Canosa en Televisión
Esperemos que de volver Canosa, sea a los medios, a un programa en donde podrá seguir diciendo las falsedades que se le antojen gracias a la libertad de prensa, y no a aconsejar que bebidas tomar para curarnos de las enfermedades desde cualquier puesto de funcionaria, en donde los contribuyentes le paguen el sueldo por ayudar a que muera gente.
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