En un canal muy particular de la televisión argentina, donde las placas rojas suelen ser las protagonistas, Tomás Dente decidió dar un paso al frente para convertirse en el censor de sus propios compañeros.
Con un tono que oscilaba entre el sermón de un guía espiritual y el reto de un jefe de gabinete, el conductor de Crónica TV estalló contra un zócalo que simplemente decía la verdad de millones: “Nadie llega a fin de mes”.
Para Dente, esta afirmación es parte de una “narrativa muy enquistada en los medios, demasiado apocalíptica”. Mientras el país real cuenta monedas, el conductor parece vivir en otra frecuencia. “Perdón que los rete en vivo, pero esto es televisión, ¿verdad?”, disparó al aire, cual docente de primer grado frente a alumnos rebeldes, sentenciando que poner la realidad en pantalla es ser “injustos” y que “tampoco hay rigor científico” en el asfixiante día a día de la gente.
¿Militancia o sobre?
Lo más llamativo de su diatriba no fue solo el enojo, sino su extraña metamorfosis en funcionario público. En un rapto de confusión de roles, Dente afirmó: “hay una pobreza estructural que estamos intentando erradicar ahora”… ¿Estamos?… ¿Quiénes?…
Al usar la primera persona del plural, Dente dejó de ser un periodista que informa para sonar como un militante que gestiona. La duda quedó flotando en el aire denso del estudio: ¿es un fanático que se cree parte del equipo de gobierno o un operador que recibe sobres para “suavizar” la crisis?
Dente no se quedó corto en acusaciones hacia sus colegas, a quienes tildó de ser los verdaderos mercenarios. “No me quiero subir a ese tren en el cual están prácticamente arriba todos los periodistas pauteros de este país, todos pauteros y acomodados por la plata de los gobiernos de turno”, lanzó con una vehemencia que suena a proyección “freudiana”.
Si los demás son pauteros por criticar, ¿qué es él por pedir que “no seamos tan terminantes y excluyentes con la información que ponemos” en favor del relato oficial?.
El graph de la discordia
A pesar de su insistencia y su pedido de ser “mesurados” para no alimentar la grieta, los “zocaleros” de Crónica (héroes anónimos de la ironía) le dieron una lección de resistencia.
Por más que él exigiera una “mirada un poquito más esperanzadora y promisoria”, el graph de “Nadie llega a fin de mes” se mantuvo allí, imperturbable, recordándole al conductor que la realidad no se borra con un reto. Además aparecieron otros zócalos en la misma línea argumental que sacó de quicio a Dente.
Él sueña con una “Argentina fluorescente”, pero por ahora solo ofrece el brillo opaco de quien confunde el periodismo con la propaganda.
Mientras sostiene que “los pingos se ven en la cancha”, la audiencia se pregunta si él está ahí para relatar el partido o para jugar de 10 para el Gobierno, ocultando los goles en contra bajo la alfombra de la “esperanza”.

