En Puerto Argentino (según ellos “Stanley”) alguien se despertó este jueves con acidez y decidió que la mejor manera de digerir la eliminación de Inglaterra en semifinales del Mundial era redactar un comunicado institucional.
Porque el “gobierno” de las Islas Falkland manifestó su malestar por la bandera con la que los jugadores argentinos celebraron el triunfo 2-1 sobre Inglaterra y le pidió a la FIFA que sancione ese tipo de conductas según su propio reglamento (mírelo eh, mírelo eh). Todo esto por un cartel que decía, textualmente, “Las Malvinas son argentinas”… Por cierto, una posición bastante parecida a la del gobierno argentino.
“No nos sorprende, pero nos ofende”
El texto, publicado con membrete y escudo de ovejita incluido, arranca con una frase que podría ser el epígrafe de cualquier grupo de WhatsApp familiar en discusión: aseguraron estar “decepcionados, aunque lamentablemente no sorprendidos”.
Como corresponde a todo comunicado gubernamental que se victimiza con estilo, no faltó la apelación al trauma histórico ni el pedido de que el fútbol “no se use como arma política” (oops, que coincidencia, otra vez), justo cuando el propio documento dedica un extenso tramo a cuestionar una bandera con un mensaje sobre la soberanía.

La ironía aparece por otro lado: mientras el “gobierno” isleño reclama neutralidad deportiva, desde el otro lado del Atlántico hubo funcionarios británicos que respaldaron públicamente la queja, conformando una especie de triángulo del mal entre London, Falklands y “The Pink House”.
El vocero de Downing Street fue uno de los primeros en pronunciarse y sostuvo que el Mundial no sería para Inglaterra, pero que las islas seguirían siendo británicas. Una declaración con una carga política difícil de comparar con un simple lienzo sostenido por Nicolás Otamendi, Lisandro Martínez y Giovani Lo Celso durante los festejos.
El libreto de siempre
No hay demasiadas novedades en el planteo isleño: vuelven a apelar a la guerra de 1982, reclaman objetividad y terminan citando al secretario de Comercio británico, Peter Kyle, para reforzar el pedido de sanciones ante la FIFA. Es decir, denuncian que se mezcla política con deporte en el mismo párrafo en el que recurren a un ministro del Reino Unido para respaldar su posición.
La propia FIFA, además, ya tiene antecedentes de sanciones económicas por exhibiciones similares. La Selección argentina fue multada anteriormente por una bandera con el mismo mensaje, por lo que una eventual penalización no sería un hecho inédito.
Del lado argentino no faltaron respuestas. La única representante gubernamental que salió a respaldar el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas fue la vicepresidenta Victoria Villarruel, en sintonía con el gesto de los futbolistas.
Con la final del Mundial cada vez más cerca, quedó claro que el triunfo argentino dejó consecuencias deportivas y también que reavivó la disputa política que, muchos querían silenciar a ambos márgenes del océano Atlántico.

