Hay películas que llegan en el momento exacto y otras que, sencillamente, lo crean. “El Partido” pertenece a esa segunda categoría. A horas de que Argentina e Inglaterra vuelvan a mirarse a los ojos en una instancia de Copa del Mundo (esta vez con la semifinal en juego, algo que ni siquiera ocurrió en 1986), el documental de Juan Cabral y Santiago Franco se convirtió en el fenómeno cultural que nadie esperaba y todos necesitaban.
La cifra que mejor lo explica es la del Gaumont, sobre avenida Rivadavia de CABA: la sala pasó de un promedio de ocho espectadores por función a 260, con público que quedó afuera sin poder entrar. El furor obligó a sumar funciones en Atlas Caballito, Cinemark Abasto, Cinemark Unicenter, Cinépolis Recoleta y Showcase Belgrano, además de Rosario, y disparó un reclamo masivo en redes para verla online, algo que en las últimas horas se consigue, y que algunos ven como un guiño: mirar una película de manera “pirata” que se centra en una relación futbolística, específicamente contra Inglaterra.
Noventa y un minutos exactos
El dato técnico que atraviesa toda la crítica es la estructura: la película dura 91 minutos, exactamente lo mismo que el partido de México 86, y no es un capricho formal.
Basada en el libro homónimo de Andrés Burgo (Tusquets, 2016, reeditado este año), la película logra la proeza inédita de reunir por primera vez a futbolistas de ambos seleccionados: del lado argentino hablan Jorge Valdano, Oscar Ruggeri y Jorge Burruchaga; del inglés, Gary Lineker y el arquero Peter Shilton.
Lo notable es que la disputa deportiva se corre del centro. Uno de los directores, Santiago Franco, explicó que el objetivo era buscar cierta objetividad y no quedarse en el argentinismo básico para retratar algo que excede lo futbolístico.

Ahí está la clave narrativa, porque el filme contrapone la belleza del deporte con el absurdo de la guerra, y se anima a mostrar postales incómodas para cualquier relato épico complaciente, como una periodista británica interpelando a Margaret Thatcher por el hundimiento del Belgrano o a Maradona cantando junto a Freddy Mercury con la camiseta inglesa puesta.
Wembley, Rattín y la memoria que no cierra
Acá el documental gana una dimensión que hoy pesa distinto. La película se remonta al desembarco inglés en Malvinas, a la invención del fútbol y a la expulsión de Rattín en el Mundial de 1966 en Wembley para tejer una tensión que la crítica no duda en calificar de casi ancestral entre ambos países.
La escena resulta insoslayable a solo días de la muerte de “El Rata”, ocurrida el sábado 11 de julio, con la Selección usando un brazalete negro en su honor tras el episodio que, sesenta años atrás, terminó empujando a la FIFA a crear las tarjetas amarilla y roja. Casualidad o guiño del destino, la muerte del capitán de la Selección Argentina de 1966 falleció el mismo día en que ambos seleccionados quedaron clasificados para esta semifinal, uno contra Suiza (3 a 1) y el otro contra Noruega (2 a 1).

El majestuoso documental también rescata el detalle que explica por qué el segundo gol de Maradona no se trató únicamente de talento: la crítica destaca el instante en que Maradona recordó el gol que no había podido hacerle a Inglaterra en Wembley seis años antes y decidió, esa tarde en el Azteca, gambetear al arquero en vez de buscar el segundo palo por recomendación de su entonces “hermanito menor”, apodado El Turco.
Y hay otro hallazgo menos célebre que el filme reivindica: la palomita de Olarticoechea sacando con la nuca un centro de Barnes sobre la línea, bautizada por la crítica como “la nuca de Dios“.

De Cannes al Azteca de Atlanta
El recorrido internacional respalda el fenómeno de público: la película fue parte de la selección oficial del 79° Festival de Cannes 2026, antes de su estreno argentino el 21 de mayo, coincidiendo con el 40° aniversario del partido. Por ahora sigue exclusivamente en salas: Disney, dueña de los derechos, programó su llegada a streaming recién para después del Mundial, lo que explica la fiebre presencial de estos días.

Pero verlo antes del partido de esta tarde genera un efecto “manija” que no tiene parangón ni precedente. Verlo después también se va a disfrutar, pero que ejerza de previa parece un guiño inimaginable del destino. Jamás sus creadores podrían haber soñado una nueva revancha y en una instancia del campeonato aún superior a aquella, y estando en cancha, en un nivel superlativo a sus 39 años el otro emblema de la historia del fútbol argentino, como es Lionel Messi.
Esta semana, quien quiera verla puede hacerlo en el Gaumont (Rivadavia 1635) hasta este miércoles a las 16.45, con entradas a $4.500. Después de eso, ya no hará falta ir al cine: alcanzará con prender el televisor. Argentina e Inglaterra, otra vez, cuarenta años después.
Para verla hoy hay que apurarse y apelar a la ilegalidad o la “viveza criolla”, bastante similar al primer gol de Diego a Peter Shilton.


