Emmanuel Santalla, legislador y padre, observa como el uso de celulares se convirtió en un fenómeno que preocupa. Entrevistado en “Parecemos Buenos Amigos de INFOCIELO PLAY” explica, “lo veo en casa, lo veo en los hijos de mis amigos y mis amigas”, señalando una realidad que trasciende lo legislativo para volverse profundamente humana.
La preocupación de los especialistas —pediatras, neurólogos y docentes— es unánime. El diagnóstico no es una simple advertencia, sino una alarma sobre el desarrollo de los más chicos. Según Santalla, cuando el uso de pantallas ocurre en edades tempranas, en pleno desarrollo cognitivo, la afectación en la salud “física, mental y emocional de los chicos es muy grande”, y advierte con gravedad que, en muchos casos, estos daños son “prácticamente irreversibles”.
El verdadero peligro, sin embargo, no reside solo en lo que la tecnología hace, sino en lo que desplaza. “Un gran daño que hacen las redes sociales, es lo que le sacan, lo que le quitan, la interacción humana”, explica Santalla. Juegos ancestrales como las escondidas, que enseñan al niño que “si papá se va, va a volver”, o los bloques de madera que desarrollan la motricidad fina, están siendo reemplazados por el entorno digital. Las consecuencias ya son palpables: la Sociedad de Pediatría de España ha detectado que los niños están empezando a hablar “un año más tarde” debido a la interferencia de las pantallas.
El negocio de las redes sociales
En las aulas, la situación es crítica. Un informe de la UNESCO postpandemia describe un panorama sombrío: la tecnología está desarrollando un tipo de concentración que “hace prácticamente inviable que el docente pueda después captar la atención de los chicos”. El dispositivo, lejos de ser una herramienta neutra, actúa como un elemento que “fragmenta la atención”.
Ante la duda de si esto es simplemente un cambio generacional o un fallo en la crianza, Santalla es tajante: la responsabilidad no recae solo en los padres, sino en la naturaleza de la herramienta. “La tecnología no es neutral. Las empresas que desarrollan la tecnología no son neutrales, tienen intereses económicos”, afirma. El modelo de éxito de Silicon Valley es simple y voraz: el lucro llega cuando logran que el usuario permanezca el mayor tiempo posible conectado. “El negocio de las redes sociales sobre todo es la retención”, sentencia.
El impacto nos alcanza a todos, adultos incluidos. Santalla invita a una reflexión matemática amarga: con un promedio de 5 horas diarias frente al celular, un ciudadano pasa “más de dos meses mirando la pantalla durante un año”. Mientras tanto, en los jardines y en los patios, el juego real espera, desplazado por un algoritmo diseñado para no soltarnos jamás.

