El estruendo de las 7:01 de la mañana no fue una alarma, sino un recordatorio de que la tierra en Venezuela no quiere dejar de moverse. Mientras el mundo intenta procesar las cifras de una catástrofe que parece no tener techo, en las calles de Caracas la realidad se mide en réplicas y silencios frente a las ruinas. Pamela Toledo, periodista en el epicentro de la tragedia, habló con Albino Aguirre y Nuria Gonzalez Rouco desde Caracas para ponernos al tanto de cómo atraviesan los venezolanos esta crisis.
En la entrevista para “Palabras más, palabras menos” de LA CIELO FM 103.5, explicó que un temblor de 5.1 de magnitud acaba de sacudir la capital, “a cada momento hay réplicas, ya uno ni duerme después de estos terremotos tan fuertes”.
La zona cero y el peso de la incertidumbre
A cinco días del sismo principal del 24 de junio, la normalidad es un concepto olvidado. Aunque el abastecimiento de alimentos en supermercados se mantiene por ahora, el aire es pesado. “Es muy difícil no pensar en los demás. Tengo una amiga que está debajo de los escombros de un edificio aquí en Los Palos Grandes y no hemos sabido nada de ella aún”, confiesa Pamela, reflejando el drama de miles de familias.
Mientras el gobierno nacional cifra oficialmente los fallecidos en 1450, el pulso de la calle sugiere algo mucho más oscuro. Las denuncias de personas buscando a sus seres queridos elevan los desaparecidos a decenas de miles. “Creemos que son muchos más, aún hay muchas personas con vida debajo de los escombros”, relata la periodista, aferrándose a la esperanza de los rescatistas internacionales que llegan desde lugares como Argentina. Sin embargo, el tiempo es el peor enemigo, “es muy difícil que una persona te dure 10 días bajo miles de escombros. Pero esta madrugada consiguieron personas, lo primero es tener fe”.
Hospitales en crisis y una vida paralizada
Si Caracas es el caos, el estado de La Guaira es el vacío absoluto. Definida como la “zona cero”, quedó totalmente devastada. “Es un caos total, es muy doloroso ver a los familiares buscando a sus seres queridos sin saber si están vivos o muertos”. En este escenario, el sistema de salud, ya golpeado por crisis previas, ha colapsado. No se trata de falta de voluntad, sino de falta de recursos básicos. “Sabemos que no son cinco heridos, son muchísimos. Lo que necesitamos más que todo son insumos médicos”, advierte Pamela, subrayando que incluso las clínicas privadas están desbordadas.
La vida cotidiana se ha detenido por decreto y por necesidad. Las clases han sido suspendidas por una semana más y los edificios que no cayeron permanecen vacíos por riesgo de derrumbe. “El estado de La Guaira está totalmente paralizado, nos va a costar mucho ir retomando la vida poco a poco porque es muy duro”.
El refugio como único hogar
La infraestructura de la ciudad es un cementerio de grietas que obliga al desalojo preventivo. “Las personas se han ido reubicando en colegios, en refugios, son muchísimos los damnificados”, explica la cronista desde el terreno. Caracas intenta mantenerse en pie mientras busca a sus desaparecidos. Como sentencia Pamela antes de volver a la cobertura “esto nos va a tardar semanas en volver a la vida cotidiana, en comenzar de nuevo, porque es devastador totalmente”.

