Julieth Fernández ocupa la Secretaría General de SUTEBA LA PLATA y tras 28 años de antigüedad docente, habla sobre su experiencia en las aulas, los debates que todavía faltan y su historia personal como persona no bienaria. A través de una entrevista en INFOCIELO PLAY alerta sobre una realidad que atraviesa los cuerpos de sus alumnos, el regreso del hambre y el frío a las aulas bonaerenses.
La escuela como “receptáculo” del dolor social
La realidad de las escuelas en la provincia de Buenos Aires se encuentra atravesada por la crisis económica que Julieth describe con precisión quirúrgica. “La escuela históricamente ha sido el depositario de todas las situaciones sociales, esta caja de resonancia de lo que pasa fuera lo tenemos adentro”. Con la memoria fresca de sus inicios en la docencia hacia 1996 y 1997, Julieth traza un paralelismo doloroso con el presente, “ahora se ve mucho, se vuelve a ver nuevamente, los pibes iban con hambre, iban descalzos, iban con las zapatillas rotas, ahora se empieza a ver nuevamente eso en la escuela”.

El regreso del “roperito”: solidaridad entre tizas
La crisis se siente en el tacto de una campera que falta o en unos pies sin abrigo. La conmoción se apodera de Julieth que relata cómo las instituciones han tenido que recuperar viejas estrategias de supervivencia, “volvimos al roperito en las escuelas que era hace años que no teníamos, entre los docentes juntamos ropa, porque tenemos pibes que vienen sin la campera, sin un abrigo”.
Lo que antes era un excedente por comodidad, hoy es una carencia básica, “antes tenía un par de medias por si alguno se mojaba, ahora tiene que ver con necesidades básicas”, sentencia Juliet con la firmeza que caracteriza a una persona que ejerce la docencia.
Esta realidad es especialmente asfixiante en la periferia, como en la Escuela 60 de Ringuelet, donde Julieth trabaja. Allí, observa cómo barrios que habían logrado progresar en la última década hoy retroceden, “esos barrios que hasta hace 8 años atrás habían empezado a transformar las casas, hoy, las condiciones de la vivienda volvieron a ser muy precarias”, afectando directamente la alimentación y la calefacción de las familias.
La “carcasa” docente y la educación como ascenso social
Frente a este escenario, Julieth admite que el rol docente exige una fortaleza casi sobrehumana. “Tal vez te ponés la carcasa de que seas mucho más fuerte para poder afrontar no solo cumplir con lo pedagógico”. Pero también con la convicción de que la enseñanza es la única salida. “Nos ponemos mucho más firmes en que lo pedagógico se dé porque para nosotros, es el modo que el pibe pueda tener un ascenso social”, sentencia Julieth.

