En las últimas semanas, el término fentanilo comenzó a circular con fuerza en medios y redes sociales en Argentina, especialmente tras la muerte de nueve personas en La Plata, por una partida contaminada de esta droga. Si bien se trata de una sustancia legal, utilizada con fines terapéuticos muy específicos, también es uno de los opioides más potentes del mundo y ha sido protagonista de crisis de salud pública en países como Estados Unidos y Canadá.
El fentanilo es un analgésico opioide sintético desarrollado en los años 60, cuya potencia puede ser entre 50 y 100 veces superior a la morfina. En el ámbito médico, se usa para tratar dolores agudos, especialmente en pacientes con enfermedades oncológicas o en cuidados paliativos, y también como anestésico durante procedimientos quirúrgicos. Sin embargo, fuera de ese contexto controlado, su uso se vuelve sumamente riesgoso.
El principal peligro del fentanilo radica en su altísima potencia y rápida absorción: una dosis levemente superior a la indicada puede provocar una sobredosis letal en pocos minutos, por depresión respiratoria. Además, suele ser mezclado con otras sustancias sin control, lo que agrava su toxicidad. De allí que el margen entre una dosis terapéutica y una mortal sea extremadamente estrecho.
El caso en La Plata encendió las alarmas en Argentina, pero no es un fenómeno aislado. El fentanilo es ya considerado una de las principales causas de muerte por sobredosis en Estados Unidos, donde ha sido declarado emergencia nacional. La aparición de esta sustancia en el mercado ilegal argentino genera preocupación entre autoridades y especialistas.
Usos médicos: una herramienta eficaz con riesgos graves
En medicina, el fentanilo se prescribe en hospitales y clínicas bajo estrictos protocolos. Está indicado para dolores intensos y refractarios, como los que padecen pacientes con cáncer en estadios avanzados, o en operaciones que requieren sedación profunda. Su eficacia es indiscutible, pero su administración debe estar rigurosamente controlada por profesionales.
En Argentina, los productos que contienen fentanilo se comercializan bajo nombres como Fentanest, Fentanyl, Durogesic y otros, en presentaciones inyectables, parches transdérmicos y comprimidos sublinguales. La ANMAT regula su uso y distribución, y recientemente prohibió un lote del producto Fentanest (laboratorio Tecnofarma) por contaminación microbiana, tras el episodio en La Plata.
Diversas organizaciones médicas insisten en que el fentanilo no es un “veneno” en sí mismo, pero su uso indebido o sin supervisión lo convierte en una sustancia extremadamente peligrosa. Por eso, tanto en el sistema de salud como en el ámbito legal, su circulación está muy limitada.
Tratamiento del dolor irruptivo y estrictas advertencias
El fentanilo solo debe ser recetado por médicos con experiencia en tratamiento del dolor oncológico. Su principal indicación es el dolor irruptivo del cáncer, es decir, episodios repentinos de dolor intenso en pacientes que ya se encuentran bajo tratamiento continuo con opioides. Se prescribe a mayores de 18 años (o mayores de 16 si se utiliza la marca Actiq) que sean tolerantes a los narcóticos.
Las condiciones de uso son sumamente restrictivas. Si se administra a personas no habituadas, puede causar depresión respiratoria grave o incluso la muerte. También representa un alto riesgo en caso de ingestión accidental por parte de niños u otros adultos a quienes no se les haya recetado. Incluso restos de pastillas parcialmente usadas pueden ser letales.
El paciente debe estar inscrito en un programa especial de acceso, que implica surtir la medicación en farmacias autorizadas, firmar formularios de consentimiento y recibir información detallada sobre cómo almacenar y desechar el medicamento. También se contraindica su uso durante el embarazo, ya que puede causar síntomas graves de abstinencia en los recién nacidos.
De Vietnam a Estados Unidos: el recorrido del fentanilo como droga
Aunque su origen fue terapéutico, el fentanilo comenzó a ser utilizado como droga recreativa y adulterante de otras sustancias a partir de los años 70, durante la Guerra de Vietnam. Allí se reportaron los primeros casos de uso no médico entre soldados estadounidenses, y décadas más tarde volvió a aparecer con fuerza en América del Norte.
En Estados Unidos, su expansión fue explosiva: a partir de 2010, el mercado ilegal comenzó a incorporar fentanilo a mezclas de heroína, cocaína y hasta pastillas falsificadas. Esto generó una ola de sobredosis, ya que muchas personas no sabían que estaban consumiendo esta droga. Según datos oficiales, el 70% de las muertes por sobredosis en ese país involucran fentanilo u otros opioides sintéticos.
La facilidad con la que puede ser sintetizado en laboratorios clandestinos y la pequeña cantidad necesaria para provocar efectos intensos lo convirtieron en una sustancia de alto valor en el narcotráfico. Organismos internacionales, como la ONU y la DEA, llevan años alertando sobre esta nueva fase de la crisis de los opioides.
¿Y en Argentina? Preocupación por su circulación ilegal
Aunque el consumo recreativo de fentanilo no era común en Argentina hasta ahora, el caso reciente en La Plata abre una nueva etapa. La droga apareció en el mercado negro, posiblemente mezclada con otras sustancias, lo que representa un cambio significativo en los patrones de consumo y alerta a las autoridades.
Desde el área Responsable del Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo bonaerense, el año pasado se advirtió que se trata de una sustancia “altamente peligrosa, que genera adicción y en cantidades mínimas puede provocar la muerte”. Por eso, pidió avanzar en campañas de prevención y control de circulación. “Estamos ante una nueva amenaza sanitaria y es urgente anticiparnos”, declaró.
En tanto, especialistas en toxicología y adicciones reclaman más recursos para la detección de opioides sintéticos en los sistemas de salud y de seguridad, ya que muchas veces las sobredosis por fentanilo no se diagnostican adecuadamente si no se cuenta con los reactivos específicos.

