La médica ginecóloga platense Iara Salerno en conversación telefónica con “todo no se puede” de La Cielo FM103.5 detalló sobre una misión que muchos calificarían de heroica, aunque ella prefiere evitar los laureles. Como integrante de la flotilla “Sumud”, Salerno forma parte de una delegación internacional que traslada alimentos y medicamentos directamente hacia la Franja de Gaza. “Estamos acá en medio del mar”, relata Iara con una calma que contrasta con el escenario bélico al que se dirige, aclarando de entrada que su presencia es una decisión de conciencia, “qué importante sería que esta causa se tome también desde lugares que sí tienen el poder de movilizar a cientos de miles”, sentenció.
El motor que la llevó a embarcarse es su vocación profesional y la urgencia humanitaria. “Soy ginecóloga y la situación de salud en Palestina realmente es muy terrible; la situación de las mujeres en particular es muy brutal”, explica sobre la realidad de un pueblo que, según su visión, vive bajo condiciones de genocidio. Para Salerno, la distancia geográfica entre Argentina y el enclave palestino no es una barrera para la empatía, “la causa de los pueblos oprimidos del mundo nos hermana porque también es un poco nuestra historia”, afirma que el apoyo recibido desde hospitales y otros sectores en Argentina ha sido masivo.
Entre el miedo y la solidaridad internacional
El viaje no está exento de riesgos extremos. El antecedente de flotillas interceptadas por el ejército de Israel está presente en la memoria de los tripulantes. “Eso es una posibilidad, por supuesto”, admite Salerno al ser consultada sobre el temor a ser detenidos o sufrir violencia en el mar. Sin embargo, el objetivo de la misión trasciende la entrega de suministros, lo que buscan es que se repliquen las movilizaciones y huelgas de trabajadores en todo el mundo para frenar el conflicto. “Si las centrales sindicales hicieran que los trabajadores paremos el mundo contra el genocidio, probablemente esta flotilla no sería necesaria”, reflexiona la médica.
A bordo, la delegación argentina es llamativamente numerosa, compuesta por unas doce personas que comparten una firme postura política frente a la posición oficial del gobierno nacional. “El presidente se dice el más sionista de la historia y no nos representa en lo absoluto; no es en nuestro nombre”, sentencia Salerno con dureza, marcando una distancia ética entre sus ideales y la política exterior del mandatario. “Son sus negocios y sus propios intereses, pero no son los intereses de la clase trabajadora”.
Un compromiso que “queda cerca en las peleas”
Mientras la embarcación avanza, Iara se sostiene en el apoyo de sus amigos y familiares, quienes, aunque preocupados por la guerra en curso, comprenden su necesidad de estar allí. Su mirada está puesta en la resistencia del pueblo palestino, a la que califica como “inspiradora” por su lucha de años para recuperar su tierra y sostener sus costumbres.
“Apoyar la lucha del pueblo palestino es aportar a que esa lucha gane, y si esa lucha gana es un avance para todos los trabajadores y las trabajadoras del mundo”, concluye la profesional platense. En sus palabras, no hay espacio para la indiferencia, Gaza está lejos en el mapa, pero “nos queda cerca en las peleas” de quienes defienden el derecho a la vida.

