Entre apuntes de ingeniería y la arena fría de las mañanas platenses, Micaela Ramallo construye un sueño que hoy tiene nombre y destino: Lima 2024. La estudiante de Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional de La Plata en “Todo no se puede” de LA CIELO FM 103.5 habla de su experiencia, como muchos, deportistas argentinos que deben balancear la excelencia académica con el alto rendimiento. “Ya terminé las materias así que ahora estoy con las prácticas lo que me permite un poco permitirme entrenar más durante la semana”, relata con la tranquilidad de quien sabe que el esfuerzo rinde frutos. Su rutina no es sencilla, pero la convocatoria para representar a la Argentina en los Juegos Panamericanos Universitarios de Beach Volley es el combustible que la mantiene en movimiento.
De los tablones de Banco Provincia al “viento y lluvia” del beach
Su historia con el vóley es, en realidad, una herencia familiar. “Mis papás se conocieron jugando al vóley así que hay una historia detrás”, cuenta con emoción. Tras años de brillar en el vóley indoor en el club Banco Provincia, la pandemia de 2020 cambió su perspectiva para siempre. “En el 2020 que no se podía entrenar empecé, conocí el beach volley, en el 2022 dejé indoor y ahí me dediqué plenamente”, explica sobre esa “reversión” de su carrera que la llevó a un deporte que describe como mucho más personal y exigente.
Para Micaela, la arena no es solo una superficie diferente, es un cambio de mentalidad absoluto. “Es más exigente para mí físicamente pero me gusta más porque tenés mucha más participación en el juego; depende un poco, es un deporte más parecido a uno individual que grupal, así que también es muy mental”, confiesa sobre la dinámica de jugar de a dos. A diferencia del indoor, en el beach no hay respiro, “se juega con vientos, se juega con lluvia, se juega… no se suspende por nada”.
Entrenar a la distancia y el sueño de la celeste y blanca
El camino a Lima tiene obstáculos geográficos. Su compañera de dupla vive en Río Cuarto, Córdoba, lo que las obliga a una logística de “concentraciones” relámpago. “Este fin de semana nos encontramos, vamos a jugar a Rosario un torneo, después se viene para acá para La Plata, vamos a entrenar unos días”, detalla sobre la preparación intensiva. En La Plata, su búnker es una cancha artificial en 96 y 100, construida por su entrenador Catriel Nicolini, un espacio que requiere un mantenimiento artesanal para que el sueño no se inunde con las lluvias.
A pesar de que el clima de la ciudad no siempre acompaña, la pasión no se congela. “El invierno es duro, hoy entrenamos está bien está lindo hay sol pero hay nube y se viene julio que es el peor”, admite Micaela, quien a pesar de las inclemencias, confía plenamente en sus habilidades técnicas para el torneo. “Confío si en más mi ataque siempre fue mi fuerte, cuando estás como perdida bueno es volver por el ataque”, dice con la seguridad de quien se ha ganado su lugar a base de remates certeros.
La autogestión de una deportista de élite en tiempos difíciles
Pero quizás el partido más difícil que Micaela está jugando es el de los números. En un contexto complejo para el financiamiento universitario y deportivo, la joven platense ha tenido que ponerse al hombro la recaudación para costear su viaje. “Hice un sorteo la semana pasada que me dieron un conjunto de beach volley de Brenda Churín, que es la número uno y es de acá de La Plata”, cuenta sobre sus esfuerzos de autogestión.
Aunque ha iniciado gestiones con la Municipalidad, la incertidumbre económica es una realidad constante. “La definición de esto de que capaz no se puede con plata digamos con ese financiamiento está bien pero bueno, por lo menos tener esa oportunidad de conocerlos me hubiese gustado de hablar”, reflexiona con madurez sobre la falta de respuestas institucionales en algunos ámbitos. Para quienes quieran ser parte de este sueño y ayudar a que una representante platense vista la celeste y blanca en Perú del 20 al 26 de julio, Micaela ha facilitado su alias –mikarramayo– y su Instagram –mickey_rama– para quiénes quieran colaborar con su sueño.
Micaela Ramallo no solo viaja a Lima a buscar una medalla; viaja llevando consigo el esfuerzo de una estudiante que no se rinde y la pasión de una familia que respira vóley. “Es la primera vez que voy a representar a la Argentina”, dice con un brillo especial en los ojos, recordándonos que, a veces, los trofeos más grandes se ganan mucho antes de pisar la cancha.

