Según cuenta la agencia Télam, cuando Mariani, de 86 años, ingresó a la Sala de Audiencias, fue notificada por la presidenta del Tribunal, María del Carmen Roqueta, que “los imputados habían expresado su deseo de ausentarse” y allí la mujer preguntó “¿por qué razón no quieren estar presentes?”.
La pregunta anticipaba la dureza que iba a contener todo el testimonio de Mariani, de horas, en el que en ningún momento perdió la compostura ni cuando aludió a “los esbirros de (el ex jefe de la policía bonaerense (Ramón) Camps” que participaron de la apropiación de su nieta Clara Anahí y del homicidio de su hijo y su nuera.
Los cronistas contaron que apenas comenzada la audiencia el represor Videla, quien seguía las alternativas por teleconferencia desde la provincia de Córdoba donde afronta otro juicio oral por delitos de lesa humanidad cometidos durante su gestión- afirmó que no tenía “interés en presenciar” el testimonio de Mariani.
Casi como un acto reflejo los represores Antonio Vañek y Jorge Acosta, quienes estaban en la sala de audiencias de Comodoro Py 2002, por intermedio de sus abogados efectuaron la misma petición, y lograron la autorización que prevé el Código Procesal para aquellos actos en los que no es imprescindible la presencia de los imputados.

