El ministro de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein, presentó este mediodía su renuncia al cargo, sin dejar lugar para especulaciones. Mediante una carta dirigida al presidente Mauricio Macri, dejó asentado que su partida se debió a la derogación del Protocolo de Interrupción Legal del Embarazo, que él mismo presentó hace tan sólo 48 horas, y aclaró que no correspondía dar intervención a ninguna otra cartera, dando por tierra con los motivos oficiales.
Rubinstein había quedado en el ojo de la tormenta tras la presentación de la medida, que salió publicada en el Boletín Oficial. Fuentes oficiales del Gobierno amenazaron con pedirle la renuncia, pero optaron en su lugar por derogar la resolución, que fue como mostrarle la salida. La excusa oficial fue idéntica a la que aplicó María Eugenia Vidal ante una movida similar de Zulma Ortiz, hace tres años: decir que el ministro se “extralimitó” y no consultó a otras áreas del Gobierno.
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El saliente funcionario dejó en claro que esos fueron los motivos de su renuncia y también que no correspondía la consulta: “dado que se trata de un protocolo de actuación médica de competencia de autoridad sanitaria, no correspondía dar intervención a otros organismos estatales”, escribió.
“Lamentablemente, la derogación del protocolo en el día de la fecha, me obliga a renunciar indeclinablemente a mi cargo de Secretario de Gobierno de Salud de la Nación ya que durante toda mi gestión tuve como una de mis máximas prioridades tanto la protección como la ampliación de derechos de mujeres, niñas, adolescentes las personas con capacidad de gestar y la comunidad LGBTTIQ+”, se lee en el párrafo más duro de la declaración.
Más allá de la polémica, Rubinstein trazó un balance positivo de su gestión, que, dijo, se desarrolló en un contexto de “limitaciones personales y de contexto” y de “un escenario adverso donde muchos de los desequilibrios macroeconómicos que nuestro país había incubado en los últimos 10 años, eclosionaron en el último año y medio”.
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