La reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei sumó un nuevo frente de conflicto en el ámbito cultural tras su aprobación en el Senado, donde el debate por el financiamiento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) encendió alarmas en la industria audiovisual. Aunque el organismo no será eliminado, la modificación de sus fuentes de financiamiento mantiene en alerta al sector, que advierte sobre un escenario de incertidumbre para el futuro del cine argentino.
El eje de la polémica gira en torno a los artículos 210 y 211 del proyecto, que plantean cambios en el esquema de recursos que sostiene al Fondo de Fomento Cinematográfico. La iniciativa propone eliminar las asignaciones específicas que históricamente financiaron al instituto, como el impuesto del 10% sobre las entradas de cine, el 10% sobre la comercialización de videogramas y otros aportes del sector audiovisual, lo que implicaría que el organismo dependa exclusivamente de partidas asignadas por el Estado a través del Presupuesto nacional.
Si bien durante la negociación parlamentaria el Gobierno aceptó postergar la derogación de esos recursos hasta el 1° de enero de 2028, el sector considera que la medida representa apenas un alivio temporal. De aprobarse definitivamente la reforma, el INCAA mantendría su esquema actual durante los próximos dos años, pero quedaría con fecha de caducidad para su financiamiento autónomo.
Alerta del sector y temor a un “apagón audiovisual”
Frente a este escenario, referentes de la industria audiovisual lanzaron una fuerte campaña pública para frenar las modificaciones y advertir sobre el riesgo de un “apagón audiovisual” en Argentina. Más de 1.800 integrantes del sector firmaron una carta dirigida a los legisladores nacionales en defensa del sistema de fomento al cine.
Entre los firmantes aparecen figuras de peso como Guillermo Francella, Juan José Campanella, Adrián Suar y Mercedes Morán, junto a actores, directores, productores y técnicos de distintas corrientes ideológicas. A nivel internacional también respaldaron el reclamo personalidades como Pedro Almodóvar, Marcos Carnevale, Andrés Wood y el productor Juan Gordon, entre otros referentes del cine iberoamericano.
El documento fue impulsado por la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales (FIPCA), cuyos representantes advirtieron que la eliminación de los recursos específicos pondría en riesgo miles de puestos de trabajo y afectaría el desarrollo de una industria que genera empleo, inversión y exportación de servicios culturales.
La vicepresidenta de la entidad, Gabriela Sandoval, sostuvo que el nuevo esquema dejaría al organismo “a merced del Ministerio de Economía para que otorgue los montos que quiera, cuando quiera”. En la misma línea, el presidente de FIPCA, Ignacio Rey, afirmó que la posible pérdida de sus fuentes históricas de financiamiento coloca a la producción audiovisual argentina en una situación crítica y recordó que los principales países productores sostienen su industria mediante políticas públicas de fomento.
Movilización y polémica en el ámbito público
El conflicto también expuso tensiones dentro del propio sector cultural. En redes sociales surgieron cuestionamientos hacia algunas figuras como Francella y Campanella, que respaldaron el reclamo pese a haber manifestado en el pasado posiciones cercanas al gobierno nacional. Igualmente, la participación de actores y directores con distintas posturas ideológicas fue presentada por las entidades del sector como una muestra del carácter transversal de la preocupación.
Mientras tanto, representantes del audiovisual mantuvieron movilizaciones y acciones públicas para advertir sobre el impacto de la reforma, al tiempo que sostienen que la prórroga hasta 2028 no resuelve el problema de fondo sino que abre un período de negociación para intentar garantizar la continuidad del financiamiento.
Con la media sanción del Senado, el proyecto deberá ahora ser debatido en la Cámara de Diputados, donde se definirá el futuro del esquema que durante más de seis décadas sostuvo al cine argentino. Para la industria, lo que está en juego no es solo el funcionamiento de un organismo estatal, sino el modelo de desarrollo de una de las principales industrias culturales del país.

