El ex funcionario nacional Darío Lopérfido murió este viernes 27 de febrero en Madrid, ciudad en la que residía desde hacía algunos años. Tenía 61 años y padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta las neuronas motoras y provoca una pérdida gradual de la movilidad.
El diagnóstico había sido confirmado en 2024 y fue comunicado públicamente por el propio Lopérfido cuando los síntomas comenzaron a hacerse evidentes.
Nacido en la Ciudad de Buenos Aires el 5 de junio de 1964, Lopérfido desarrolló una carrera que combinó periodismo, gestión cultural y política. Su mayor visibilidad pública se produjo a fines de la década del noventa, cuando se incorporó al círculo político de Fernando de la Rúa, primero en el ámbito porteño y luego en el nacional.
La etapa como funcionario y el Grupo Sushi
Entre 1997 y 1999, Lopérfido se desempeñó como secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires durante la jefatura de Gobierno de De la Rúa. Con la llegada de la Alianza al poder, fue designado secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación, cargo que ocupó entre 1999 y 2001, con rango ministerial.
Durante ese período integró el denominado Grupo Sushi, una corriente interna del oficialismo compuesta por funcionarios y asesores jóvenes del entorno presidencial.
El grupo adquirió notoriedad mediática por su perfil urbano y tecnocrático y fue asociado a una concepción modernizadora de la gestión pública. Con el agravamiento de la crisis económica y política, posteriormente al 2001, el término pasó a utilizarse de forma crítica y quedó ligado al desgaste del gobierno de la Alianza.
Desde su cargo, Lopérfido tuvo bajo su órbita áreas vinculadas a la política cultural y a la comunicación oficial, en un contexto de tensiones con sectores del periodismo y de la oposición. Su salida del Gobierno se produjo antes del colapso institucional de diciembre de 2001.
Actividad posterior, Juntos por el Cambio y la enfermedad
Luego de varios años con menor exposición política, Lopérfido volvió a ocupar cargos relevantes a partir de 2015. Fue nombrado director general y artístico del Teatro Colón y posteriormente ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, durante administraciones alineadas con Juntos por el Cambio.
En ese marco, mantuvo una participación activa en el debate público y se identificó abiertamente con ese espacio político.
Su trayectoria posterior estuvo marcada por posiciones polémicas y por una relación fluctuante con distintos referentes del propio espacio, aunque nunca abandonó su pertenencia política. En entrevistas y artículos de opinión sostuvo una mirada crítica sobre el rol del Estado en la cultura y sobre los consensos construidos en años previos.
Su vida privada
En el plano personal, Darío Lopérfido mantuvo siempre un perfil relativamente reservado, aunque su vida personal tomó mayor visibilidad pública durante los años en que estuvo en pareja con Esmeralda Mitre.
La relación fue conocida y expuesta en medios, tanto por la notoriedad de ambos como por la participación de Mitre en el ámbito cultural y artístico porteño.
El vínculo se desarrolló durante la segunda mitad de la década de 2010 y coincidió con el regreso de Lopérfido a cargos de gestión cultural en la Ciudad de Buenos Aires.
Tras la finalización de la relación, ambos continuaron con trayectorias separadas y evitaron profundizar públicamente en los motivos de la ruptura. En sus últimos años, ya radicado en España y atravesando la enfermedad, Lopérfido optó por un bajo perfil personal y limitó sus apariciones públicas a intervenciones puntuales, alejadas de la exposición mediática vinculada a su vida privada.
La polémica sobre el número de desaparecidos
Otro eje de fuerte controversia pública en su trayectoria fue su postura sobre la cifra de los desaparecidos durante la última dictadura militar. En 2016, Lopérfido sostuvo en declaraciones periodísticas que “no hay 30 mil desaparecidos” y que la cifra carecía, a su entender, de respaldo documental, lo que generó un inmediato repudio de organismos de derechos humanos, referentes políticos y sectores del ámbito cultural.
Sus dichos derivaron en pedidos de renuncia y en una amplia discusión pública sobre el negacionismo, el consenso histórico construido en torno al terrorismo de Estado y el carácter simbólico de la cifra.
Posteriormente, Lopérfido afirmó reconocer la existencia del terrorismo de Estado y el carácter criminal del régimen militar, aunque mantuvo su posición respecto de la discusión numérica, un episodio que marcó de manera permanente su imagen pública en los años siguientes.
El tremendo diagnóstico
En 2024 se le diagnosticó ELA, enfermedad que afecta progresivamente el sistema motor sin comprometer las funciones cognitivas. Lopérfido decidió hablar públicamente del tema y describió el avance de los síntomas, señalando las limitaciones físicas crecientes que imponía el cuadro. En ese momento crítico de su vida se instaló de manera definitiva en Madrid.
Durante los últimos meses, el deterioro de su estado de salud fue acelerado y requirió asistencia permanente. Su actividad pública se redujo casi por completo. Murió hoy, acompañado por su entorno más cercano, tras atravesar la etapa final de la enfermedad.
En palabras que él mismo utilizó para describir su situación, “la ELA no deja márgenes, sólo tiempo que se acorta”.

