La mesa política de Javier Milei decidió acelerar el debate sobre la reforma electoral y poner nuevamente en discusión la eliminación o suspensión de las PASO de cara a los comicios del 2027.
La iniciativa comenzará a tratarse el próximo 15 de septiembre en las comisiones del Senado y forma parte de un paquete más amplio que incluye Ficha Limpia y cambios en el financiamiento de los partidos políticos.
Pero detrás de la discusión institucional hay una lectura política mucho más profunda. La eventual suspensión o eliminación de las primarias podría modificar la forma en que el peronismo, el PRO y el resto de la oposición resolverán sus candidaturas rumbo a 2027. Sin una elección interna que permita ordenar las diferencias en las urnas, los partidos quedarán ante una disyuntiva incómoda: negociar una unidad o competir por separado.
Para Milei, en cambio, la reforma puede convertirse en una herramienta para despejar parte del camino hacia su reelección.
La Casa Rosada vuelve a poner la reforma sobre la mesa
Tras la reunión de Gabinete, Karina Milei encabezó este martes un nuevo encuentro de la mesa política oficialista para definir la agenda legislativa de las próximas semanas.
El reducido círculo libertario resolvió avanzar con el debate por la reforma política durante la segunda semana de septiembre. “Arranca la reforma política el 15 de septiembre en comisiones del Senado”, aseguró una fuente presente en el encuentro.
La intención del Gobierno es discutir un proyecto amplio que reúna varios de los cambios que la Casa Rosada viene impulsando: la nueva Ficha Limpia, la eliminación de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias y modificaciones en el sistema de financiamiento partidario.
La decisión fue tomada pese a que el oficialismo todavía no tiene asegurados los votos necesarios para aprobar el paquete. Sin embargo, en Balcarce 50 consideran que la discusión puede convertirse en uno de los grandes debates políticos del último tramo del año.
Sin PASO, el peronismo tendría que resolver su interna en una mesa
La discusión llega en un momento particularmente sensible para el peronismo. El espacio todavía intenta ordenar una interna que atraviesa al kirchnerismo, al Movimiento Derecho al Futuro de Axel Kicillof, al Frente Renovador de Sergio Massa y a otros sectores que buscan recuperar protagonismo dentro de una eventual reconstrucción nacional.
Hasta ahora, la discusión por el liderazgo convive con una pregunta que nadie termina de responder: ¿cómo se resolverán las candidaturas cuando llegue la hora electoral?
Las PASO podrían funcionar como un mecanismo para trasladar esa disputa a las urnas. Distintos sectores podrían competir dentro de un mismo frente y permitir que los votantes definieran quién llega fortalecido a la elección general.
Sin primarias, el escenario cambia. El peronismo tendría que alcanzar acuerdos previos para definir una candidatura común o asumir el costo de una fractura electoral. Y esa segunda alternativa podría resultar especialmente riesgosa frente a un oficialismo que buscará llegar a 2027 con Milei como candidato natural a la reelección.
A su vez, la determinación caería como efecto dominó sobre la provincia de Buenos Aires que deberá resolver si sostiene o quita las primarias.
La cuestión adquiere todavía más relevancia después de los últimos movimientos dentro del PJ bonaerense. Kicillof comenzó a expandir territorialmente el Movimiento Derecho al Futuro, mientras sus dirigentes desembarcan en distintas provincias y construyen estructuras sectoriales. Al mismo tiempo, Massa volvió a mostrar capacidad de negociación y el kirchnerismo conserva su propia gravitación.
Sin PASO, esa convivencia de proyectos deberá resolverse antes de que los argentinos entren al cuarto oscuro.
Y eso podría forzar una negociación mucho más compleja. No solamente sobre quién encabeza una fórmula, sino sobre qué sectores conservan lugares, representación y poder dentro de una futura alianza o incluso derivar en expresiones políticas por separado.
Unidad o ruptura: la encerrona que puede dejar la reforma
La eliminación de las primarias podría terminar acelerando una definición que el peronismo viene postergando.
Una PASO permite competir y, después, ordenar detrás de un ganador. Sin ese mecanismo, las diferencias internas tienen menos canales institucionales para expresarse.
El resultado puede ser una unidad negociada, internas partidarias acotadas y con costo para los partidos políticos o una competencia por afuera entre distintos sectores.
La situación es especialmente delicada porque el peronismo todavía debate su identidad después de la derrota nacional. Mientras Kicillof comenzó a delinear un proyecto con eje en la producción, el trabajo, la educación, la salud, la universidad, la ciencia y la obra pública, otros sectores discuten estrategias diferentes para recuperar votantes.
La discusión por el programa y la discusión por el candidato podrían terminar ocurriendo al mismo tiempo y en una misma mesa.
Para algunos dirigentes, eso puede ser una oportunidad para obligar al peronismo a construir consensos. Para otros, puede convertirse en una nueva fuente de conflictos.
El PRO también queda obligado a negociar, pero desde abajo
La reforma tampoco impactaría solamente sobre el peronismo. El PRO atraviesa una situación todavía más incómoda frente al crecimiento de La Libertad Avanza. Sin PASO, el partido fundado por Mauricio Macri tendría menos herramientas para disputar candidaturas dentro de una eventual alianza con el oficialismo.
La relación de fuerzas es, además, completamente diferente a la que existía durante los años de Juntos por el Cambio.
Ahora es La Libertad Avanza la que tiene el Gobierno nacional, la figura presidencial y la mayor capacidad para imponer condiciones. El PRO, en cambio, deberá decidir cuánto está dispuesto a ceder para mantenerse dentro de una alianza competitiva.
Una primaria podría permitirle a los sectores amarillos disputar representación frente a los libertarios. Sin PASO, esa discusión quedaría directamente en manos de las negociaciones entre las conducciones partidarias.
Y el PRO llegaría a esa mesa en inferioridad de condiciones. La pregunta será cuántos lugares puede conservar y qué margen tendrá para defender una identidad propia frente a un oficialismo que, hasta ahora, mostró poco interés en compartir el protagonismo.
Una reforma que también mira hacia la reelección
La decisión de Karina Milei de reactivar la reforma política tiene, por supuesto, una explicación institucional. Pero también ocurre mientras el oficialismo empieza a mirar el horizonte de 2027.
Milei cuenta con una ventaja que ninguno de sus principales adversarios tiene garantizada: si decide buscar la reelección, La Libertad Avanza ya sabe quién será su candidato.
El peronismo todavía tiene que resolver quién conducirá su reconstrucción. El PRO debe definir cuánto de su futuro estará atado a una alianza con los libertarios. Y el resto de la oposición todavía busca establecer si se acoplará en un frente político con alguno de los dos polos o explorará terceras vías.
En ese contexto, modificar o eliminar el mecanismo de las PASO puede tener consecuencias mucho más profundas que ahorrar una elección.
Puede obligar a la oposición a resolver antes sus diferencias, exponer las disputas que hoy permanecen abiertas y forzar negociaciones entre sectores con relaciones de poder muy desiguales.
Por eso, la reforma que la Casa Rosada pretende poner en marcha el 15 de septiembre no se jugará solamente en el Senado. También puede empezar a definir cómo se ordenará la oposición y quién llegará en mejores condiciones a desafiar a Milei en 2027.
Y ahí aparece la verdadera jugada libertaria: mientras el Presidente ya piensa en su reelección, Milei busca modificar las reglas de un sistema en el que sus principales adversarios todavía ni siquiera resolvieron quién quiere ser candidato.

