Argentina recibirá la visita del Papa León XIV en el mes de noviembre. El sociólogo e investigador, Fortunato Mallimaci en el programa “Palabras más, palabras menos” de LA CIELO FM 103.5 analizó los preparativos, el acontecimiento geopolitico y los ilos invisibles que van desde un inusual consenso político local hasta una profunda redefinición de la diplomacia vaticana frente al avance de los discursos de extrema derecha en el plano global.
El “milagro” de la preparación
La grieta política argentina parece haber encontrado una tregua temporal ante la inminencia del viaje papal. En un escenario dominado por la confrontación pública cotidiana, la organización de la llegada del pontífice logró sentar en una misma mesa a dos administraciones en abierta disputa: el gobierno nacional de Javier Milei y la gobernación bonaerense de Axel Kicillof.
La convocatoria provino de la Secretaría General de la Presidencia, que citó al ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires y mano derecha del gobernador, Carlos Bianco, para coordinar la logística. En los pasillos políticos, el gesto no pasó desapercibido, siendo calificado con asombro como “un milagro” dada la beligerancia del debate público habitual. En paralelo, las misiones técnicas avanzan a paso firme: “Ayer vino una nueva avanzada, digamos, del Vaticano como para recorrer los lugares en donde va a estar su santidad”, sostuvo el sociólogo.
Francisco y León XIV: deudas, estilos y continuidades
Para muchos argentinos, la llegada de León XIV arrastra el sabor de una materia pendiente. Durante todo su pontificado, el Papa Francisco evitó visitar su tierra natal. Mallimaci, explica que “las decisiones de venir son tomadas por el Papa y por la curia romana”, y puntualiza que en el caso del anterior pontífice “fue una decisión de él de no venir, de que se siga la idea de pensar en Francisco y quizás no tanto en Bergoglio”.
El contraste con su sucesor es notable, León XIV decidió rápidamente incluir a la Argentina en su itinerario sudamericano, una gira que contempla también una breve escala en Uruguay y una estadía prolongada de más de una semana en Perú.
Sin embargo, el cambio de pontífice también trae consigo una profunda transformación en la puesta en escena de la Santa Sede. Mallimaci describe con precisión las distancias estéticas y de temperamento entre ambos papas, “León XIV no es igual a Francisco en muchos aspectos, por supuesto. En su manera de presentarse es distinto. La espontaneidad de Francisco, la manera de hablar, la manera de haber casi de provocar de Francisco no tiene nada que ver con León XIV, que es más bien tranqui, adusto, piensa mucho las palabras que va a decir”.
Este distanciamiento del estilo descontracturado de Francisco se evidencia incluso en decisiones simbólicas del nuevo Papa, quien optó por no alojarse en la célebre residencia de Santa Marta, “decidió quedarse… no ir a la casa de Santa Marta donde había ido ese desafío que había hecho Francisco de ‘no vivo en el palacio’, sino que vive en otro lugar, en el palacio”. No obstante, el especialista advierte que bajo la sobriedad de León XIV late una sólida herencia doctrinal, “ahora, la manera de entender el hoy del Vaticano, el hoy de lo que pasa a nivel mundial, del hoy de dónde tiene que estar esa institución católica, ahí sí hay continuidades muy grandes”.
Un embajador clave frente a la extrema derecha
La preparación diplomática en territorio argentino sumó hace dos meses una pieza fundamental que delata la sensibilidad política de la comitiva papal. El Vaticano designó como nuevo embajador en Argentina a un experimentado sacerdote que viene de una de las misiones más complejas de Europa Central.
“La curia romana… hace dos meses envió de nuevo embajador en Argentina al que era el embajador en Hungría”, revela Mallimaci. La elección de este perfil es un mensaje en sí mismo, se trata del “sacerdote que discutió muchísimo con Orbán, que discutió muchísimo las políticas racistas y supremacistas de Orbán”, el mandatario europeo que fue, significativamente, el único presidente presente en la asunción de Javier Milei. Este diplomático experto lleva ya sesenta días en Buenos Aires preparando con minuciosidad la llegada de León XIV.
“La justicia social no es un tema social, es la presencia de Dios”
Ante los previsibles debates que rodearán la agenda papal, Mallimaci descarta de plano que el viaje pueda despojarse de su dimensión política. La histórica distinción entre una visita meramente “pastoral” y una de carácter político es, para el sociólogo, motivo de cierta ironía. “A mí me da un poco de risa cuando dicen: ‘Bueno, va a ser pastoral’. Por supuesto, todas las venidas te van a decir que son pastorales y religiosas, pero la manera religiosa que tiene el Vaticano de concebir su presencia, bueno, es hablar de los problemas políticos, sociales, culturales, históricos de cada sociedad”.
Bajo esta premisa, la confrontación ideológica con el modelo económico libertario y la prédica de no intervención estatal del actual gobierno nacional parece inevitable. Mallimaci sostiene que los principios de la doctrina social de la Iglesia formarán parte ineludible de la oratoria papal, “¿Cómo no va a hablar de la justicia social, cómo no va a hablar del destino universal de los bienes, cómo no va a hablar en contra de la propiedad privada? Esto no es meramente religioso en el sentido habitual, es la manera que tiene ese catolicismo de comportarse hoy en la sociedad en el siglo XXI”.
Frente a la intención latente de ciertos sectores de encorsetar el mensaje del Papa en disputas del pasado local —como el debate sobre el aborto, al que el sociólogo define hoy como “un tema ya del montón” frente a la magnitud de las crisis globales—, la Santa Sede enfoca su mirada en urgencias existenciales. La preocupación vaticana actual está puesta en la oposición a la guerra y en alertar sobre “la inteligencia artificial puesta al servicio de los grandes grupos económicos”.
Para este catolicismo contemporáneo, según Mallimaci, lo social y lo divino son indisolubles:
“Dios está presente en los movimientos sociales, Dios está presente en las víctimas, Dios está presente en las personas a las que les sacan derechos, Dios está presente en los discapacitados. Esto forma parte de una manera de comprender la religión”.
Sin embargo, esta línea discursiva no carece de tensiones internas dentro de la propia estructura eclesiástica del país, “hay obispos en Argentina que están a favor y otros obispos que no están muy a favor de hablar todos los días de estos temas”.
El humanismo como mensaje “subversivo” en la era de la crueldad
El viaje de León XIV se inscribe en un contexto donde el catolicismo, a nivel global, intenta responder al retroceso de sus fieles frente al avance de las iglesias evangélicas y el aumento de la población que se declara “sin religión”. Es precisamente en este último sector, especialmente entre profesionales de los ámbitos científico, tecnológico y judicial, donde el mensaje de la Iglesia ha logrado un eco inesperado a través de su prédica humanista.
Frente a lo que Mallimaci describe como una época de “capitalismos desechables, de destrucción, de crueldad”, la defensa básica de la dignidad humana y de la universalidad de los derechos ha adquirido un carácter revolucionario, “ese humanismo hoy ha pasado a ser una concepción casi subversiva, diríamos. ¿Cómo que ‘todas las personas tienen derechos’? Esto se ha hecho hoy carne en el catolicismo muy fuerte y ha posicionado -al Papa- en un espacio en el cual muchísimas personas, sin ser creyentes, sin ser católicas, se sienten interpeladas”.
Para el sociólogo, frente al avance de lo que califica como “una internacional de odio” y discursos liderados por “tecnofeudos” de extremas derechas que instrumentalizan la religión con tintes supremacistas y anti-inmigración, la voz de León XIV resuena con fuerza. No lo hace por una mera conveniencia electoral, sino por una profunda convicción doctrinal.
“Resuena porque es la manera que tiene de comprender a su Dios. Frente a ese silencio de otros grupos de poder, esa voz de la Iglesia Católica y del papado resuena, y mucho. Dios quiere que todos coman, Dios quiere que todos puedan ir a un hospital, Dios quiere que sean felices”, sostiene Mallimaci.

